Nuestra Historia

La comunidad protestante está presente en la zona desde 1928 cuando el 8 de julio de ese año se celebró el primer culto y el 22 de julio de ese mismo año se funda la Comunidad Evangélica de Santo Domingo. Desde ese entónces se trabaja para la construcción de un templo, poniéndose la piedra fundamental el 18 de abril de 1929. Se inaguró el mismo el 29 de setiembre de ese mismo año.
Desde los comienzos, la comunidad evangélica ha estado presente en la vida del pùeblo con sus aportes y su testimonio de fe.


15/12/2011

No matarás




            El Foro de Pastores Distritales y presidentes adjuntos y la Junta Directiva de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata en su reunión del mes de diciembre desea expresar su más profundo dolor e indignación ante los terribles asesinatos que han tenido como víctimas, en estos últimos meses y días, a niños y niñas pequeños. Asimismo señalamos que no menos indignante y dolorosa es la violencia contra la mujer que a lo largo de este año se ha expresado en múltiples víctimas quemadas, mutiladas o asesinadas.

            Candela, Tomás, Gastón, Claudia son parte de una larga lista de nombres de niños y niñas víctimas del odio y la violencia. Es verdad que desde hace muchos siglos la violencia se ha instalado en la familia humana. Ello no nos exime de la responsabilidad de condenar con todo énfasis y fuerza estos hechos que nos duelen e indignan como iglesia y como personas. La banalidad de los pseudo justificativos debería preocupar a toda la sociedad porque indica que hay algo profundamente oscuro y equivocado en nuestra cultura.

            Espanta y llena de estupor ver cómo, en diferentes circunstancias, adultos matan de manera cruel a pequeños. Debemos plantearnos la pregunta sobre qué nos está pasando en nuestra sociedad para que los adultos tomen como sus víctimas a pequeños de 10 hasta 13 o 15 años.

6   ¿No será el resultado de años insistiendo ante la opinión pública en bajar la edad de imputabilidad de los menores? ¿No será que los adultos ahora se sienten habilitados, con el ‘derecho’ de castigar en los menores las faltas reales o imaginarias de sus allegados?
6   Nos preocupa la cobertura periodística que, desde el caso Candela, hacen del crimen un espectáculo morboso. Con sus comentarios; explicaciones que lo único de científicas que tienen es la pretensión; análisis pormenorizados llenos de detalles morbosos hacen que la conducta enferma y patológica del o los criminales sea el centro de atención y reflexión de la sociedad toda. ¿No son conscientes del efecto contagio que tiene ese continuo hablar sobre? ¿No saben que al transformar la conducta enferma y criminal en el centro de sus programas estimulan en el criminal y enfermo el deseo de ser ese centro imaginario de toda la sociedad? ¿No saben que están apelando a lo más morboso y abyecto de la condición humana para obtener el vergonzoso beneficio de una mayor audiencia?
6   Nos preocupa que sectores de la policía encargados de la investigación dejen trascender datos, pistas y sospechas que luego, al ser publicadas, se transforman en verdades casi reveladas. ¿No es esta una manera indirecta de inducir los resultados de una investigación?
6   Nos preocupa que la inocencia de los niños y niñas asesinados sea utilizada para revolver en los conflictos y las conductas familiares como si fuese un tacho de basura. De esta manera, la verdad no es la sencilla conclusión de que no hay que matar, sino que esa muerte horrenda se explica y justifica indirectamente por el comportamiento del entorno familiar.

            Como iglesia heredera de la reforma protestante, que funda su vida en la Palabra de Dios, los invitamos a reflexionar en apenas dos textos entre muchos otros que nos desafían a no descargar sobre los niños y niñas la enorme violencia que impera en nuestra sociedad.
Dice la Escritura:

“Solo aquel que peque morirá. Ni el hijo ha de pagar por los pecados del padre, ni el padre por los pecados del hijo.” Ezequiel 18,20
y
“Entonces Jesús dijo: Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos. Puso las manos sobre los niños, y se fue de aquel lugar.” San Mateo 19,14 - 15



Por la IERP, pastor presidente Carlos A. Duarte
Adviento 2011.

12/12/2011

Celebraciónes de Navidad

Nuestras proximas actividades son:

Domingo 18 de diciembre - 9 HOras culto

Domingo 25 de diciembre 20:30 Horas culto de Navidad
Lunes 26 de diciembre   20:00 horas celebración ecuménica en la plaza

Una navidad sin alcohol


Estimadas y estimados:
Se acercan las Fiestas de Navidad y Fin de Año, largamente esperadas por muchas personas y por muchos motivos. Cada cual tiene sus razones: regalos y golosinas los más pequeños, añoranzas y recuerdos de infancia los mayores, descanso los estresados, encuentro familiar quienes  durante el año laboral alegan tener poco tiempo para la familia. Y también están quienes esperan con ansias estos días para poder comer y beber sin control ni límite alguno.
No tengas miedo: no levantaré el dedo acusador embadurnado en moralina barata. Simplemente me permito plantear una pregunta:
¿Te has planteado alguna vez pasar las Fiestas sin bebidas alcohólicas?
Si esta pregunta te parece atrevida, desubicada o acusadora, la puedes tomar así – y podemos terminar la cosa aquí. Pero si te interesa entrar en diálogo sobre un problema sumamente agudo con el que viene luchando buena parte de la gente que festeja Navidad y Año Nuevo, te invito a seguir leyendo.
Creo que no es necesario presentar las estadisticas de todos los estragos que causa el alcohol a lo largo del año y especialmente en feriados, fines de semana largos, cumpleaños, Navidad y Año Nuevo. Hígados reventados, resaca inaguantable, accidentes fatales, violencia en el hogar, sufrimientos innombrables de esposas e hijos (algunas veces, también de esposos), vergüenza de los familiares, infartos y muchos males más son evidencia de que el alcohol no brinda alegría, sino tristeza, dolor, penas y muerte.
Millones de personas moderadas o abstemias como también todos los alcohólicos recuperados pasan año tras año todas las fiestas sin beber una sola gota de alcohol, y las pasan bien. Muchísimo mejor que todos aquellos que creen que sin alcohol la Navidad no es Navidad, que no tiene límites en su desesperada sed por alcohol y que no paran hasta llegar a la ebriedad, agregando así otra cuota más de destrozo físico, psíquico, familiar, social, económico y espiritual a su proceso de autodestrucción. Y todo eso lo hacen para “festejar” el cumpleaños de Aquel que vino para traernos Vida, y Vida en abundancia. ¡Qué tremenda contradicción!
¿Qué tal si planteas esta pregunta en el seno de tu familia como también entre tus amistades? ¿Y por qué no en tu Iglesia? Quizás sea una significativa ocasión para reflexionar sobre nuestra relación con Aquel cuyo nacimiento celebraremos dentro de dos semanas, como también para hacer un alto y pensar sobre nuestra propia vida.
A tu disposición, por si quieres dialogar sobre este planteo; y con los mejores deseos para una bendecida y bienaventurada Navidad con vida sana, felicidad familiar, crecimiento espiritual y encuentro comunitario,
René Krüger

27/04/2011

meditacion para el primer domingo despues de Pascua

Juan 20, 19-29 –Quasimodogeniti –

Quiero comenzar con un cuento y después con una reflexión en forma de oración, que cada uno puede, si quiere hacer propia.

Había un experto en trapecio, que podía balancearse sobre una cuerda extendida en el aire, y hacer otros trucos. Un día intentó hacer un truco maravilloso. Extendió una cuerda de un lado de las cataratas de Iguazú al otro lado, y se propuso a caminar de un lado a otro, sobre la cuerda. La multitud de espectadores esperaba ver ese prodigio.

El experto les preguntó a la multitud,
-¿Cuantos creen que yo puedo caminar de un lado a otro?
Todo el mundo afirmó, - ¡Sí, creemos!

Con temor y temblor, el hombre cruzó de un lado a otro, y la multitud le aplaudió fuertemente. Después él les preguntó,
- ¿Cuántos creen que yo puedo cruzar de un lado a otro, con una carretilla delante?

Todo el mundo se asombró, pero afirmó su credulidad una vez más. Y el experto no les decepcionó. ¡Cruzó de un lado a otro con la carretilla delante!

Otra vez, se oían gritos de celebración.

El hombre no quedó satisfecho. Les preguntó a la multitud,
- ¿Cuántos creen que yo puedo cruzar con una caretilla llena de ladrillos?
Y una vez más, gritaban, - ¡Sí! ¡Creemos!

El hombre logró hacerlo, y la gente se volvió loca de alegría.

Una vez más, el experto inventó una nueva maravilla, y les dijo, Ahora les enseño mi truco más peligroso. ¿Cuántos creen que puedo cruzar de un lado a otro, con una persona metida en la caretilla?
Todo el mundo gritaba con mas fervor que antes, ¡Si! Creemos. ¡Si! ¡Creemos!

Y el trapecista les hizo la pregunta clave, Bueno, ¿Hay algunos voluntarios para meterse en la carretilla?


Todos quedaron en un profundo silencio…….

...........
Así era Tomás.... incrédulo.
Así soy yo, Señor... muchas veces digo: “si no lo veo, no lo creo”.
Y ando así por la vida, buscándole ocupación a mi mente, a mi racionalidad mientras mi corazón está en unas largas vacaciones...

Así eran los discípulos... encerrados por miedo.
Así soy yo, Señor... vivo encerrado con mis miedos. Tengo cerradas las puertas de mi corazón por diversos miedos, miedo al fracaso, a no ser reconocido, miedos a lo que va a pasar con el futuro de mi vida, de mi familia, de mi iglesia...miedo a decir lo que siento y lo que pienso realmente, miedo a que alguien se ofenda, por eso ando por la vida fingiendo ser lo que no soy... ¡que razón que tenía Juan cuando decía que el miedo es el enemigo del amor!  

Y así eres tú, Señor. Vienes en medio de los miedos de los discípulos y les dices “tengan paz”.
Vienes en medio de la incredulidad de Tomás a su presencia y le dices “ten paz”.
Y vienes también a mi encuentro, a mi incredulidad, a mis miedos y me dices a mi, “ten paz, está en paz” y soplas sobre mi tu Santo Espíritu para que mis miedos y mi incredulidad se transformen en paz.

Y así soy yo nuevamente, necesito transformar mi corazón de miedo y de angustia por un corazón de gozo... de paz...
Me cuesta, Señor, sigo encerrado en mi ego, en mis muchos miedos...

No entendí, Señor, tu resurrección.
Si hubiera entendido, tendría paz en mi corazón, tendría más fe, podría sentarme en la carretilla del malabarista (que eres Tú, Señor) y disfrutar del viaje, dejarme llevar por ti.

Si hubiera entendido tu resurrección, perdonaría más, no por compromiso ni por mandato tuyo, sino por amor... por gratitud al perdón recibido por ti en la cruz.

Tengo poca fe, lo sé Señor... no se vivir en tu resurrección. Ante el menos tropiezo, pierdo la fe y la esperanza. Me deprimo con facilidad... me convenzo de que nada en esta vida tiene sentido.

Tengo muchas ideas...creencias... defiendo estructuras, rituales...  eso no es fe, es otra cosa, es religión.

Discuto doctrinas, sobre como deben ser las cosas en la iglesia.
Soy como Tomás, me quedo con lo racional, lo estructural y no puedo abrir mi corazón a lo nuevo, a este renacer de la pascua.... a esta alegría y gozo que sintieron los discípulos al verte resucitado.   

Tengo el juicio fácil. ¡Con que facilidad juzgo a los demás! ¡Con que facilidad me acuerdo de todo lo negativo de cada persona que tiene un encuentro conmigo! ¡Con que facilidad repito historias sobre otras personas que algunos me cuentan. ¡Con que facilidad, empero, me enojo cuando alguien hace un juicio sobre mi! No solo que me enojo, sino que desprestigio a esa persona, pasa a ser mi enemigo.

Juzgo... pero tu no me juzgas... me invitas al arrepentimiento.
Condeno... pero Tú no me condenas... mueres por mí en la cruz. 
Mueres por mi en la cruz y me dices... ¡vive en paz!

Me cuesta vivir en paz, Señor...vivir en paz en vivir perdonando y vivir sintiéndose perdonado. Me cuesta perdonar... me cuesta sentirme perdonado.

Me cuesta aceptar tu perdón... me cuesta aceptar tu paz.
Quizá sea porque mi vida está llena de rencores, de odios, de miedos...de amores nunca recibidos... y no puedo entregarte todo eso a Ti...
Soy como Tomás, Señor...

¿Cómo es posible que tú hayas perdonado a Pedro, después de que te negó en la cruz tres veces? Justo él, que era el más fanático de todos... y te negó ¿y encima justo a él le pediste que cuidara tus ovejas?

¿Cómo es posible que hayas dicho, “Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”, justo cuando te estaban clavando en la cruz?
En vez de vengarte de ellos y mandarlos al infierno, o destruirlos como tantas veces me pasa que quiero destruir a quien me hace daño.

¿Cómo pudiste dejar de condenar a la mujer adúltera con su gran pecado? Cuando en la iglesia me enseñaron que tengo que aparentar ser perfecto y no tener ningún error y aunque lo tenga, fingir que en mi vida esta todo bien...

¿Cómo es posible... que gracias a la cruz, símbolo de la muerte,  pueda estar perdonados y tener una nueva vida?

Me cuesta aceptar tu perdón, Señor, me cuesta aceptar tu paz.

Señor, ¡No quiero ser perdonado! ¡No quiero estar en paz!

No... Porque eso implicaría hacer lo mismo que Tú hiciste... perdonar, infundir paz en los corazones de los demás... hacer que otros se sientan en paz consigo mismo...

Prefiero vivir con las pesadas piedras de mi tumba... donde hay oscuridad... tinieblas... muerte...
Y para defenderme de ese capricho de no perdonar... justifico mi accionar con esa lista larga de defectos que encuentro en cada uno de los demás... y que ya los perdoné como 70 veces 7 y aún así siguen haciendo lo mismo... ¿cómo puedo perdonarlos? ¿Y tú te atreviste a llamarlos “hermanos”, “amigos”...”prójimo”.
A mi me cuesta llamarlos como Tú... es mas, a muchos muchas veces prefiero ni llamarlos... ni recordarlos.

Encuentro en ellos defectos que son muchísimo más pequeños que los de Pedro, que los de quienes te mataron en la cruz, que los de la mujer adúltera... que los míos. Y sin embargo... no los puedo perdonar.

Y me siento feliz cuando me veo menos malo que los demás... quizá yo tenga que cambiar de espejo, y usar el espejo del amor, de la fe...

(Pausa larga)

Señor... Tú me envías, así como el Padre te envió a Ti...
¿A qué me envías, Señor?
¿A condenar?
¿A juzgar?
¿A perdonar?
¿A recibir tu paz y transmitirla a los demás? ¿Qué paz, Señor?

(pausa)

Señor... Tú me envías al mundo, a transmitir lo que he recibido de Ti...
De ti no he recibido críticas... reproches... malas acciones...
¡Todo lo contrario!

¿Por qué, entonces, Señor, transmito otra cosa que lo que tú me enseñaste?

Soy como Tomás... Si no te veo, no te creo....
Si no te siento... no puedo estar en paz
Si no estoy en paz... no puedo perdonar...
Si no perdono... no soy tu enviado, Señor...

Ayúdame a sentir tu resurrección en mi corazón
Ayúdame a sentir tu resurrección en mi vida....
Ayúdame a tener más fe Señor, en que por el amor que tú me tienes, y con tu ayuda, puedo quitar la dura piedra de mi corazón y resucitar a una nueva vida...

Una vida en la que pueda estar en paz....
Una vida en la que pueda perdonar...
Una vida en la que pueda creer y sentir sin necesidad de meter el dedo en la llaga...
Una vida en la que pueda ser sal y ser luz en este mundo...
Una vida en la que tú, Señor me llenas con tu Espíritu Santo, y me das tu paz.  

Ayúdame Señor a reconocer que necesito de ti...
Amén.
   

15/04/2011

Domingo de Ramos

Domingo de Ramos 2011 – Mateo 21, 1-11 - Salmo 118

Era el día domingo. La ciudad de Jerusalén, estaba abarrotada con más de cien mil peregrinos venidos desde todas las ciudades de Judea, desde Galilea y las colonias judías dispersas a lo largo y ancho del imperio ro­mano. Como todos los años  la gente acudía en masa a celebrar la Pascua dentro de las murallas de la ciudad de David.
Aquella mañana, desde la aldea vecina de Betania, venía llegando un grupo de personas que pasaron entusiastas delante de mí. Pude escuchar un poco de su conversación.
Simón              -¡Mirá! ¡La ciudad está reventando de peregrinos! La gente pregunta por ti, Jesús. Todos te están esperando.
Jesús                Hoy comienza la semana de preparación de la Pascua. ¡Hoy comenzaremos a despertar a Jerusalén de su letargo y a anunciarle que Dios viene a cumplir el Año de Gracia! Pero ellos confían más en sus puñales que en la Pala­bra de Dios. Nuestra misión debe ser la misma que Dios le ordenó a Moisés: ir delante del faraón y decirle que ya no soportamos el yugo de ningún tirano. Ni esos que se hacen llamar los representantes de Dios ni ese romano que se llama Poncio Pilato, y les diremos en la cara sus crímenes, uno por uno, tal como Dios los tiene anotados en su libro. Porque Dios ha visto el sufrimiento de su pueblo como aquella vez en Egipto.
Natanael          - No, yo no estoy de acuerdo. Lo siento, pero no es­toy de acuerdo. No será como Moisés, que fue una y otra vez a presentarse al Faraón. Para nosotros no habrá segunda ni tercera vez. Nos aplastarán como cucarachas en cuanto salgamos.
Jesús                - Si vamos solos sí, Natanael. Pero iremos con todos los vecinos de Betania, con los de Betfagé...
Judas               - y toda la gente se unirá a nosotros
Pedro              -Jesús, ¿por dónde vamos a comenzar?
Jesús                - Por el hueso más duro de roer. Por el Templo. La familia del sacerdote Anás lo ha ensuciado con sus negocios y sus trampas. Vamos allá. ¡Por ahí comenzaremos a limpiar el país y el corazón de la gente!
Vamos todos. Lázaro, Susana, María... vengan ustedes también, mujeres y hombres, todos hacen falta. ¡Hasta los niños gritarán con nosotros y romperán las piedras con sus gritos!

Estaban enardecidos. Éran una docena de hombres, seis mujeres y Jesús. En dos zancadas llegaron a la pequeña plaza de Betfagé, un pueblito hasta entonces olvidado. El líder de ellos, Jesús, comenzó a llamar a los vecinos.

Jesús                - ¡Amigos de Betfagé! ¡Vengan todos, vengan todas, y escuchen nuestras palabras! ¡Les anunciamos una buena noticia para todo el pueblo! ¡Ha llegado el Reino de Dios y la justicia de su Mesías! ¡Dios viene a reunir a los que estábamos dispersos! ¡Él nos abre un camino y sube delante de nosotros! ¡Dios va en cabeza y nos regalará la victoria!
- ¡Amigos de Betfagé, Dios está con nosotros! ¡Los que tengan fe, sígannos! ¡Los pobres, los que lloran, los que pasan hambre, los humildes de la tierra, vengan con nosotros!

Las mujeres se asomaban a las ven­tanas y los saludaban con los pañuelos y las escobas en alto. Varios muchachos cortaron ramas de laurel y hojas de palmera y las agitaban en el aire como si fueran espadas o bsnderas. El griterío era ensordecedor.

Felipe              - ¡Eh, Jesús, aquí nadie oye nada! ¡Habla más fuerte!
Jesús                - ¿Y qué hago, Felipe? ¡Tendría que subirme en una datilera para poder hablarle a tanta gente!
Felipe              - ¡En una datilera no, pero en un caballo sí! Eh, paisano, ¿nadie tiene un caballo por acá?
Susana             - ¡Los caballos los tienen los soldados y los centuriones!
Felipe              - ¡Pues un burro entonces, caramba! ¡El Mesías de los pobres irá montado en un burro!
Pedro               - ¡Tú, muchacho, corre y desata el primer burro que encuentres y tráelo acá! ¡Ve, anda, que Jesús lo necesita!

Y es ahí donde ese muchacho vino directo a mi… me desató y me llevó hacia Jesús y él me montó para hablarle mejor a la gente. Ahora podría participar de cerca de los acontecimientos. Parecía que iba a suceder algo grande. Y de hecho sucedió. Una vez que Jesús me montó dijo:

Jesús                - ¡Amigos, ha llegado el día grande del Señor! ¡Queremos justicia hoy, no mañana! ¡Queremos libertad hoy, no mañana!
Todos              - ¡Hosanna, hosanna, justicia hoy, no mañana!¡Hosanna, hosanna, justicia hoy, no mañana!

Cuando estábamos por llegar a Jerusalén, todo el pueblo estaba en la calle. Al­gunos, en un entusiasmo desbordado, tiraban los mantos sobre las piedras del camino por donde íbamos a pasar. Otros levan­taban ramas de olivo vitoreando al Mesías.
Íbamos subiendo la ladera del Monte de los Olivos. Era cerca del mediodía y el sol caía de lleno sobre nuestras cabezas, abrasándonos. Fue entonces, en un recodo, cuando apareció extendida a nuestros pies, como una enorme colmena, apretada de casas, rebo­sando gente, la ciudad de Jerusalén, encerrada en sus cuatro mu­rallas que brillaban como el oro. Y, en medio de ella, sobre la Colina baja del Moria, el Templo con sus escalinatas repletas de vendedores y comerciantes.
Como una roca que se desprende y lo arrastra todo, así nos lanzamos por la cuesta de los Olivos, levantando una polvareda in­mensa y batiendo las ramas. Atravesamos el torrente Cedrón y enfilamos hacia la Puerta Dorada, la que da a la explanada del Templo. Pudimos entrar antes que cerraran la puerta principal.
El griterío de la multitud enardecida se desbordó bajo el doble arco de la Puerta Dorada y, arrastrados por la avalancha, entramos en la gran explanada del Templo de Jerusalén.

Ustedes conocen el resto de la historia. Jesús y los suyos entraron al templo y se armó un lío bárbaro.  Hizo un látigo y empezó a echar del templo a los que vendían cosas y hacían negocios en la iglesia. Claro, esto no les gusto a los jefes de la iglesia y organizaron todo para matar a Jesús… ayudados por ese seguidor suyo llamado Judas.

Finalmente a Jesús lo agarraron y lo crucificaron… hasta los mismos que estaban con él lo dejaron solo. Todos huyeron. Algunos decían que era un bandido revolucionario, otros que era el enviado de Dios.  Otros decían unos días después que volvió a vivir…
No se… yo no se nada de ello. Lo único que se es que para mi fue un honor haber llevado en mi lomo a un hombre importante. Nunca nadie me tuvo en cuenta para nada. La gente importante, como los reyes y los guerreros, usan caballos lindos y majestuosos.
Yo ese día me sentí el más afortunado de todos. Y eso gracias a Jesús.   
Después de mucho tiempo me enteré que a este acontecimiento le llamaron “domingo de Ramos”, y que hacen de ese domingo una procesión ordenada con pal­mas que se agitan pacíficamente al ritmo de cánticos religiosos. Los hechos ocurridos ese día no fueron tan pacíficos, fueron una auténtica manifestación popular en la que una multitud enardecida expresó sus más profundos sentimientos patrióticos y religiosos. El pueblo quería y necesitaba un cambio. Y eso se logra únicamente con la acción, con una fe decidida.
Eso es lo que aprendieron todos de Jesús, según me enteré más tarde… Me enteré que los seguidores de Jesús salían a decir que si la gente quería que la muerte y resurrección de Jesús tenga sentido y vigencia para siempre,  hay que animarse a decir lo que esta mal, denunciar lo que Dios no quiere que se haga, como las injusticias, la corrupción, la muerte y que se pueden lograr los cambios, sin necesidad de usar armas ni violencia. Solo hace falta revisar los valores humanos y la convicción de la fe y recuperar la esperanza de que se puede lograr una sociedad mejor…

Es una lástima, hoy todo sigue igual que aquel día. Ya no son ni los romanos ni los fariseos, pero solo cambian los nombres y los actores. ¿Y los seguidores de Jesús? Siguen igual, dejándolo solo a Jesús con la esperanza.
Muchos que se consideran “muy cristianos” porque acuden al culto los domingos y rezan algún Padrenuestro antes de dormir. Sin embargo, cambian la cara ante la miseria que los rodea… ante el hermano que sufre y necesita una mano amiga que le ayude o un hombro donde llorar… ante el pobre mendigo que busca un bocado que llevar a su boca… ante el niño maltratado o el bebé no nacido que no tiene quien le defienda… ante el anciano o el enfermo que vive solo porque todos se han olvidado de ellos… El mismo Jesús decía que cuando dejamos de ayudar a nuestro prójimo, es a Él a quien no ayudamos.
Ah… antes que me olvide, recuerden que si alguien necesita de un burro para subirse y hablarle a la gente, yo ya estoy viejo, pero todavía puedo ser útil.

Que Dios, el padre de Jesucristo resucitado, los bendiga a todos.