Nuestra Historia

La comunidad protestante está presente en la zona desde 1928 cuando el 8 de julio de ese año se celebró el primer culto y el 22 de julio de ese mismo año se funda la Comunidad Evangélica de Santo Domingo. Desde ese entónces se trabaja para la construcción de un templo, poniéndose la piedra fundamental el 18 de abril de 1929. Se inaguró el mismo el 29 de setiembre de ese mismo año.
Desde los comienzos, la comunidad evangélica ha estado presente en la vida del pùeblo con sus aportes y su testimonio de fe.


24/06/2010

Meditación de la semana - 27 de junio 2010

5. domingo después de Pentecostés 27 de junio 2010 Lucas 9, 51-62. Lecturas complementarias: 1 Reyes 19, 16-21. Gálatas 5, 1-18 Hoy quiero comenzar con una reflexión de René Trossero que dice así: El error más grande lo cometes cuando, por temor a equivocarte, te equivocas dejando de arriesgarte en tu camino. No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en su camino, retrocede para seguir avanzando hacia el mar; se equivoca el agua que, por temor a equivocarse, se estanca y se pudre en la laguna. (Como luces en tu camino) Y de eso trata el texto de hoy: seguir a Cristo es una opción de vida radical, es un arriesgarse en un camino determinado. Durante mucho tiempo me he preguntado, y creo que muchos lo hacen también, en que se diferencia un cristiano de un no-cristiano en la vida cotidiana. ¿Cómo podemos darnos cuenta de que alguien está siguiendo realmente a Jesús? Y acá me surgen dos problemas con este texto. El primero tiene que ver con lo “radical” del texto. Y lo segundo tiene que ver con el significado de “seguimiento”. La radicalidad del seguimiento: Jesús va de camino a Jerusalén. El ya ha tomado personalmente la decisión de asumir con gozo su misión de entregarse en la cruz por obediencia a Dios. Recordemos que en el texto del domingo pasado (Lc. 9:22) Jesús les anuncia a los discípulos que el iba a morir. El arriesga un camino. Va a la cruz cumpliendo de esa forma con su misión. Encontrarle a la vida un “sentido” es fundamental para saber cual es el camino que debemos arriesgar para llegar a la meta. Jesús lo tenía: era la cruz. Me imagino, y de eso tenemos pruebas en los evangelios, que se habrá cuestionado más de una vez acerca de si ese era el camino correcto o no. Si tenia sentido lo que hacía. Y muchas preguntas que nos hacemos también nosotros hoy respecto al seguimiento. En ese camino hacia la cruz, Jesús se encuentra, como le pasa al pueblo cristiano de hoy, con varios tipos de respuesta. La primera de quienes no lo quieren recibir a Jesús. Un pueblo en Samaria no quiere que Jesús pase por ese lugar. Y, dicho sea de paso, tenemos una gran enseñanza de Jesús. No se trata de decirle a los que no quieren aceptar a Jesús en sus vidas “Te voy a mandar al infierno”, sino se trata de decir… “bueno vos te perdés la oportunidad de encontrarle sentido a tu vida. Después se dan tres sucesos sobre el seguimiento. Y son tres formas distintas de seguir a Jesús. La primera, los que se acercan voluntariamente a Jesús. A ellos Jesús les advierte que el seguimiento es mas que un ser simpatizante. Que van a tener que afrontar muchas cosas por la causa del Reino de Dios. La segunda, los que son llamados por Jesús pero ponen excusas. A ellos les deja bien en claro que los “muertos” espirituales, se encarguen de sus muertos. La tercera los que quieren seguir a Jesús pero ponen condiciones. A ellos les dice que una vez que aceparon a Jesús no van a poder retroceder, en el sentido que es necesario ser una “nueva persona”, hacer un cambio radical. ¿Qué es seguir a Jesús? Aquí nuevamente quiero citar una frase que me gusta mucho: No es lo mismo ser creyente, que “practicar” algunos ritos religiosos. Dicho de otro modo, no alcanza con ir al culto todos los domingos, ser una buena persona, saber algo dela Biblia y listo. Ser un seguidor de Jesús es mucho más que eso. Y vuelvo al planeo del principio: ¿En que se diferencia un no – creyente de un creyente? Lo que Jesús propone es que no “pensemos en” Jesús, sino que “estemos con” Jesús. Él no hizo discípulos enseñándoles una doctrina, como los rabinos, sino enseñándoles a vivir de otra forma y manera. Y esa manera diferente de vivir es la que tiene que dejar una “marca registrada” en la sociedad. La pregunta del seguimiento es, en una sociedad que abunda de modelos facilistas pero escasea en modelos concretos, ¿Para qué seguir a Jesús? ¿Por qué romper con las ideologías familiares? ¿Por qué no mirar hacia atrás? Porque la tarea del Reino de Dios exige una mentalidad nueva, liberadora. Y esa se tiene que en la práctica cotidiana. Muchas veces me ha pasado que el poner otras prioridades en la vida me ha llevado a “dejar de lado” el servicio al prójimo y el seguimiento a Cristo. Nos pasa lo que le pasó a los seguidores de Jesús, “déjame hacer primero tal o cual cosa”. El seguir a Jesús no se puede hacer si tenemos la cabeza metida en tantas cosas. Exige una prioridad “por encima de” las otras cosas. Quiero poner un ejemplo práctico: Cada mañana me propongo, antes de sentarme en la oficina para hacer las tareas del día, hacer un momento de devocional, leer la Biblia y meditar sobre ella, libre de las presiones. Pero todos los días me pasa lo mismo. Las cosas que tengo que hacer, la larga listas de exigencias, se lleva como automáticamente a hacer esas cosas y dejar de lado el Estudio Bíblico para cuando tenga tiempo. Y el tiempo nunca llega. Eso me demuestra cada dia lo mismo: estamos inmersos en una burocracia eclesiástica. Es decir, lo que importa es que los papeles estén al día, que las fichas de miembros estén actualizadas, que los sermones tengan lindas palabras y todo en la institución “iglesia” esté bien hecho. ¿Pero que hay de mi relación personal con Jesús? ¿Qué hay del crecimiento personal en la búsqueda de Dios? ¿Está todo bien si no tengo tiempo para mi relación personal con Dios o para compartir con otros mí fe? ¿Por qué estamos tan atados a las cuestiones burocráticas? ¿Quién o que cosas me impiden seguir plenamente a Jesús? Jesús nos quiere mostrar que para seguirlo tenemos que ser libres, es decir no estar atado a nada, solo a la causa del Reino de Dios. Recordemos los tres aspectos que planteaba Jesús en el texto del domingo pasado: negarse a si mismo, que es lo mismo que no estar atado a la burocracia eclesiástica, tomar cada uno su cruz y seguirlo. Jesucristo exige una ruptura con la vida anterior. La pregunta es: ¿Quién te impide seguir plenamente a Jesús? En el caso de Eliseo, ¿quién te impide despedirte de tu familia y tu vida previa?; en el caso del evangelio, ¿quién te impide ponerte inmediatamente a disposición de la misión? Solo se puede asumir este compromiso, si estamos fortalecidos con la presencia del Espíritu Santo que nos hace verdaderamente libres. Radicalmente libre. Libres para ir hacia adelante y proclamar en la acción el compromiso cristiano. El cristiano tiene su referencia fuera de sí, en el mundo, porque tiene el motor de su existencia dentro de sí, el Jesucristo vivo en cada uno. El pueblo judío, sin la presencia del Espíritu de Jesús se movía a ciegas siguiendo una Ley externa; el cristiano tiene su dinamismo en una Ley interna. Si nosotros, cristianos, no asumimos la radicalidad de la propuesta, estamos negando el Espíritu que se nos ha dado y rechazando la libertad radical que nos da. En el fondo, tenderemos a vivir un cristianismo limitado, acotado y condicionado, un cristianismo de cumplimiento, de escritorio, no el verdadero cristianismo. Un cristianismo carnal en el sentido paulino, pero no encarnado; un cristianismo que busca espiritualidad, no un cristianismo desde el Espíritu. Pero, ¿cuál es esa radicalidad que se nos pide y que al evangelio de hoy nos remite? Sencillo: la hermenéutica que sostiene el evangelio de hoy es el Sermón de la montaña en Mt 5-7. Si no se asimilan estos tres capítulos, difícilmente podrán comprenderse el evangelio de hoy. En esos capítulos encontramos el programa para ser un verdadero seguidor de Jesús. Sigámoslo con el corazón abierto buscando la meta del Reino de Dios y no miremos atrás. Amén

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