Nuestra Historia

La comunidad protestante está presente en la zona desde 1928 cuando el 8 de julio de ese año se celebró el primer culto y el 22 de julio de ese mismo año se funda la Comunidad Evangélica de Santo Domingo. Desde ese entónces se trabaja para la construcción de un templo, poniéndose la piedra fundamental el 18 de abril de 1929. Se inaguró el mismo el 29 de setiembre de ese mismo año.
Desde los comienzos, la comunidad evangélica ha estado presente en la vida del pùeblo con sus aportes y su testimonio de fe.


11/06/2010

Meditación de la semana

Meditación sobre Lucas 7,36-50 Una de las cosas que más nos cuesta a los seres humanos es el tema del perdón. En los tres aspectos del mismo. Pedir perdón, perdonar y sentirse perdonado. Puede que para nosotros sea muy fácil pedir perdón. Algunos lo hacemos como rutina, tanto, que ya parece ridículo. Vamos caminando por la calle, nos tropezamos con alguien y pedimos perdón. Y así muchos ejemplos. Pero ese no es un perdón en el sentido de reparar una falta, sino que es un formalismo que usamos por cordialidad. Pero ¿que es el “verdadero” perdón? Veamos esta escena para analizar las reacciones frente al tema del perdón. 1 - Hay alguien que invita a Jesús a su casa a comer Mi experiencia personal es que en esos momentos de fraternidad, comida por medio, se forman los temas más interesantes y más productivos para la tarea pastoral. Y siempre digo en broma que si hay un aspecto en el que me parezco a Jesús es queme gusta que me inviten a comer. Porque es un momento en el que uno puede conocer mucho más a la persona que me invitó, ya sin el formalismo del culto y esas cosas, y porque es donde han surgido los mejores y más profundos temas de diálogo. Distendidos, en una conversación amena, sin protocolos, se puede hablar con mucho más libertad. Cuando leemos la escena, ya casi nos podemos imaginar que si un fariseo invita a Jesús a cenar es porque hay una doble intención. La mayoría de los fariseos veía a Jesús como un charlatán, o en el mejor de los casos, un profeta molesto, porque siempre tenía algo para decir. Por eso creo yo, que la intención del fariseo no era agasajar a Jesús, esperando un momento agradable, sino tener la oportunidad de tenerlo a Jesús cara a cara para decirle unas cuantas cosas, y quizá, confrontar con él. De todos modos, él es el dueño de casa y parece que no tenia una actitud muy cordial con Jesús, ya que según dice Jesús mismo, ni siquiera le ofreció agua para lavarse los pies. 2 – alguien que precisa del perdón La cena parece que transcurre de lo más tranquila hasta que aparece esta mujer. No tiene nombre y se dice que tiene una mala vida. Fíjense que en ningún momento dice que es prostituta ni nada de eso. Llama la atención la facilidad con la que la mujer, según el fariseo pecadora pública, entra en casa del fariseo y se acerca, ¡nada menos! que a la mesa, lugar impensable para una mujer cuando comían los varones. Se me ocurren dos posibilidades: la primera que se trate de un texto teológico donde los detalles se pueden pasan por alto, o bien que la se trate de un texto que narra una acción habitual de la mujer, es decir, que se conocía muy bien la casa y sabía cómo moverse en ella. Un fariseo debía guardar muy bien las formas y sería difícil que llevase a la mujer a su casa, pero un descuido lo tiene cualquiera, algo que comprobamos porque se salta el ritual de bienvenida a Jesús, su invitado. O se puede pensar que el fariseo la dejó entrar a su casa apropósito para ver que hacía Jesús. Sea cual sea la opción que elijamos, podemos imaginar que el fariseo tampoco era muy “trigo limpio” como para tener una actitud crítica frente a esta mujer. Sea como sea la cosa, la trama de la historia es esta: esta mujer necesita perdón, no importa tanto que es lo que haya hecho o como ha entrado, y alguien de una posición religiosa alta no acepta el perdón que ofrece Jesús. La manera que había encontrado la mujer para expresar su arrepentimiento fue la que mas a mano tenía: llorar y ofrecerle algo valioso a Jesús como ofrenda de gratitud. No quiero entrar acá en el detalle tan trillado de si era una unción para su muerte o no, porque quiero detenerme en el tema del perdón y su funcionamiento. Pero aún más, y esto lo veremos al final, la pregunta de fondo es aquí, porque nos cuesta tanto aceptar el perdón o, más aún, aceptar que hay quienes a pesar de su vida tan pecaminosa, pueden cambiar y transformar sus vidas, gracias a haber recibido el perdón de Dios. Pero vayamos por partes. Primero veremos el significado del perdón y después porque nos cuesta aceptar el perdón El significado del perdón: El perdón no es una emoción, un sentimiento de benevolencia o compasión. Se puede describir como un acto voluntario mediante el cual decidimos eliminar una herida ya sea propia o ajena. Decidir perdonar algo que nos ha hecho daño. No pensemos solamente en el daño que nos ocasionan otros cuando nos hacen un mal, o el daño que nosotros ocasionamos en otros al hacerle mal a ellos, sino también y sobre todo, el daño que nos hace a nosotros mismos cualquiera de las dos opciones anteriores. Cuando pecamos nos hacemos mal también a nosotros mismos. ¿Cuántas veces nos pasa, o al menos a mi me pasa, que nos damos cuenta de un mal que hicimos, y nos queda dando vueltas en la cabeza, durante días, en vez de ir y remediar la situación? O al revés, que sentimos que nos han hecho un daño y no nos animamos a hablar con esa persona acerca de lo dolidos que estamos por ese daño y nos queda la bronca rumiando durante varios días… Por eso digo, que de una u otra forma, el daño se genera en nosotros mismos quizá más que en el otro. Por ahí nosotros nos quedamos con mucha bronca por algo que nos hizo el otro y el otro ni se enteró que nos hemos sentido dolidos por esa acción. Acá, aparentemente, no se trata de un pecado como una ofensa a otro, sino se trata del pecado como “situación de vida”, es decir alguien que actúa en pecado. Esta mujer, que ni siquiera tiene un nombre, se acerca a Jesús en busca de perdón. Ella está queriendo dar el primer paso que es reconocer que está en pecado y necesita sanar sus heridas a causa de su pecado. Me animo a hablar de heridas, porque me imagino que la mujer es consciente de su estado de pecado. Y sin embargo esta prisionera de esta situación. Quizá por necesidad económica, quizá porque se siente sola y no tiene a nadie… vaya uno a saber porque. Pero el fariseo desconfía de esta mujer. Dice: “Si Jesús supiera quien es, ni siquiera la recibiría”. Acabamos de conjeturar que el fariseo la conocía. Nadie entra a la casa de un extraño así porque si. Y sin embargo es despreciada por este entendido de la ley. Yo me pregunto acá, ¿no actuaríamos nosotros igual? Somos cristianos, tratamos de serlo. Y muchas veces, en vez de tratar de entender a la gente en sus vidas, las catalogamos y las tildamos de pecadoras o pecadores, y hablamos mal de ellos sin siquiera darle una oportunidad de perdón, de que puedan sanar sus heridas. Estamos tan acostumbrados a sentirnos mejores que los demás que ni siquiera nos damos cuenta de cuanto daño hacemos a las otras personas con esta actitud. En vez de abrir puertas para el perdón y la sanación personal y espiritual, cerramos portones con candados y aun sentimos que estamos haciendo bien así. ¿Cuántas veces pasa que pensamos así como el fariseo frente a otras personas? ¿y este va avenir a la iglesia? Si el pastor supiera quien es, no lo dejaría entrar. Pero Jesús no piensa así. El fariseo, los fariseos, los puritanos, no se sienten perdonados… porque no sienten necesidad y no pueden agradecer. La mujer sí siente la necesidad de comprensión, de perdón, de misericordia y, consiguientemente, ama mucho. Debemos resaltar la fuerza del v. 47, incluso en una buena traducción: no es su amor lo que provoca el perdón, sino el perdón de Jesús lo que le lleva a amar con toda el alma y todo el corazón. Ella ha pedido comprensión, perdón, misericordia… y se le ha concedido. Ella lo necesitaba y ha llevado a cabo todo aquello que le acercaba a quien consideraba que se lo podía ofrecer de parte de Dios. Los "fariseos" (no solamente Simón, aunque éste los representa) no se acercan a Jesús, no le ofrecen ni siquiera la hospitalidad dignificadora, sino una hospitalidad para ser cazado y ser juzgado Jesús quiere sanarte La pregunta de Jesús me dejó pensando… ¿Quien es capaz de amar más? Obviamente, el que más sintió en su vida el perdón. Pues bien… si damos vuelta el planteo de Jesús, podemos preguntarnos ¿Quién necesita en esta historia amar más, la mujer que supo ir a pedir perdón o aquel que era tan duro que no aceptaba que alguien pudiera ser perdonado tan solo pidiéndolo? Y acá esta lo sanador del asunto: solo vamos a poder amar en serio al otro cuando aprendamos a perdonar. Quien tiene dentro de si odios, broncas, rencores, solo puede ver en el otro lo malo, lo negativo, lo “impuro”. Cuando el perdón abre las puertas a la paz de la reconciliación, entonces el amor también puede entrar y eliminar cualquier rencor, incluso el más antiguo e intenso. Es lo que hace Jesús. El te perdona, sin importar cuan intensa sea tu falta. Y no te pide nada a cambio. Es fiel a la palabra de Juan 3, 16. Es fiel a sus palabras…: he venido a sanar a los que están heridos. Jesús perdona todos los pecados… Tenemos que aprender a perdonar nosotros a los demás y sobre todo perdonarnos a nosotros mismos. Jesús, hizo dos sanaciones: la de la mujer que reconoció el pecado y acudió a él y la del que no quería entender que para que haya sanación tiene que haber amor. Nosotros también podemos sanarnos y encontrarnos con el amor de Jesús. Vayamos a su encuentro, amén

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