08/07/2010
Meditación de la semana: 11 de julio 2010
Lucas 10, 25-37. Textos complementarios: Deuteronomio 30, 9-14 y colosenses 1,15-20
Es difícil transmitir un mensaje cuando se trata de un texto tan conocido y tan trillado como lo es este. Varias y variadas interpretaciones de este texto, desde las interpretaciones conservadoras y espirituales, hasta las activistas y políticas.
Si miramos la parábola del buen samaritano desde el punto de vista de la misión urbana, tema que nos convoca en esta conferencia, creo que podemos sacarle el jugo a este texto.
Y estoy pensando concretamente en dos cosas: teoría y acción.
Jesús nos dejó bien en claro con este texto que no alcanza con “saber” cuales son los mandamientos, o los preceptos de la fe, sino que hay que “poner la carne en el asador” es decir, evidenciar nuestra fe en hechos concretos. No se trata de hacer los rituales necesarios, ir al culto, pagar el beitrag, ayudar en los beneficios, y con eso “cumplir” con lo que se manda, y dormir con la conciencia tranquila, sino que pasa por otro lado, hacer lo que hagamos con el sentimiento de que estamos sirviendo a Dios cuando servimos a quienes nos necesitan.
El maestro de la ley, podemos decir que era el representante de la iglesia, quería poner a prueba a Jesús y creo yo con la idea de “lucirse”: yo soy el que tengo autoridad para enseñar y recitar la Biblia. Quería desacreditar a aquel que venía predicando por las calles y ganándose a la multitud. Le tenía miedo a la “competencia”. Tenía miedo que pierdan el predominio frente a la sociedad.
Y lo segundo que se evidencia en la postura de este representante de la iglesia es su dificultad por identificar al “prójimo”. ¿Quién es el prójimo?
Lo que trae Jesús de enseñanza es que No es solo cuestión de saber que hay que amar al prójimo, sino que hay que amar al prójimo.
No se trata de "no hacer el mal a nadie", sino de "procurar hacer el bien a todos". Y acá dentro del concepto de prójimo implica también, los enemigos, los que yo odio y/o me odian... Por eso es un compromiso, una opción. Es fácil que yo sea bueno con quienes son buenos conmigo, o con quienes me quieren. Pero ¿ser bueno y ayudar a aquellos que no me quieren, que hablan mal de mí? Eso es lo difícil. ¿ser bueno y ayudar a aquellos que están mugrientos, que usan un léxico vulgar, que tienen actitudes impropias…
Quizá una pregunta que nos pueda ayudar a reflexionar en nuestros contextos del distrito puede ser ¿Qué implica hacerse prójimo en nuestros contextos? ¿A quien debemos ayudar? ¿A los que están al día con la cuota societaria? ¿A los que comparten una identidad cultural propia? ¿A los que se confiesan públicamente como “evangélicos”?
…
Jesús pone en su parábola a tres personajes: un maestro de la ley, un levita y un samaritano. Y los tres con la posibilidad de ser prójimo de alguien que estaba necesitado. Alguien que necesitaba la ayuda “ya”. Cada uno representaba un aspecto diferente de la fe: el maestro, el que sabe, el que enseña, el levita, el “colaborador” en el culto, y uno que buscaba opciones de fe alternativas, que se enganchaba con cualquier libro de autoayuda, y que no era asiduo a la iglesia.
…
El hombre tirado en el camino necesitaba la ayuda “Ya”
No puede esperar a que se junten los representantes de la iglesia a discutir acerca de la misión de la iglesia, de si salimos de las estructuras convencionales y nos animamos a meternos en los caminos periféricos de nuestras ciudades para hacer misión.
No puede esperar a que la iglesia elabore grandes estrategias de misión, programas sistematizados, capacite personas para salir a hacer lo que debería ser la base de la fe cristiana: amar al prójimo y a Dios como a ti mismo.
No va a haber ningún programa, ninguna capacitación estratégica, ninguna conferencia o Sínodo que logre lo que empieza en otro lado: en uno mismo, en la determinación de ser “prójimo” para el otro.
Oportunidades para hacer misión la vamos a encontrar a cada minuto en cada esquina de nuestros contextos. Y quien se brinda al otro con amor, ya va a encontrar la forma de hacerlo, aunque no este en un plan organizado ni en una estrategia determinada.
Necesitamos solamente lo siguiente:
Ver al otro en su realidad, abrir el ojo a lo que pasa en el mundo.
Sentir compasión, hacer carne propia el dolor ajeno.
Acercarse al otro, saber que piensa, que le pasa...
Sanar al otro en su necesidad, ya sea física, síquica o espiritual.
Llevar las cargas de ese otro.
Cuidar del otro en sus necesidades.
Dar de lo que uno tiene para que el otro esté bien.
Es ahí donde, podríamos decir, se ve reflejado realmente la fe en Dios. En la medida que uno se hace el prójimo del otro. Uno está disponible para el otro. No aquel que pregunta donde está el prójimo, sino aquel que se preocupa por ser el prójimo de aquel que esta en necesidad.
Creo, que en ese sentido, debemos rescatar la acciones concretas que se están realizando en el ámbito de nuestras comunidades: desde ser prójimo para aquellos que necesitan abrigo, calzado, alimento… hasta ser prójimo para quienes sufren la marginalidad por no gozar del privilegio de tener todas las facultades físicas y mentales en buenas condiciones: ellos son parte de los malheridos de nuestra sociedad y que quedan esperando de algún samaritano que los vea.
Los malheridos de hoy pueden ser los tantos millones de habitantes que padecen hambre crónica; los muertos diarios por inanición, sobre todo los niños... en el Chaco y en tantos otros lugares, aquellos que no encuentran una vivienda digna, en las grandes ciudades, que su trabajo, el único que encuentran es esclavizante… o hasta incluso aquellos que de una u otra forma se sienten marginados y discriminados en su sociedad.
También pienso en todas las personas que están anímicamente malheridas, por los golpes de la vida… que tienen en sus espaldas pesadas cargas, que están solos en sus luchas cotidianas, que son descartados por un sistema que mide todo en valor monetario y no en valor humano.
Estos son los heridos que esperan que alguien se sienta su prójimo y remedie su mal. Sin teorías, sin cumplir con las formas, sin “lucirse”, sino solo por amor.
Mientras millones de cristianos discuten dogmas y teorías, si es correcto o no tal o cual cosa, si se puede fumar, bailar o tomar, si se puede aceptar a personas y o parejas que son diferentes, hay miles, millones de seres humanos que esperan que alguien se haga “su prójimo” y los ayude.
Este relato nos muestra de que muchas veces hablamos de amor, pero no solemos amar, nos quedamos en la teoría y no los reflejamos en hechos.
La cuestión no es identificar al prójimo, en teoría (deberíamos ayudar a los pobres, a las victimas de violencia doméstica, etc.) sino encontrarse uno mismo como prójimo de los demás, (hacerlo realmente). El prójimo no es el que sabe que hay que amar, sino el que sabiéndolo, ama.
Una última reflexión:
¿Porque Jesús no habla de la primera parte del mandamiento? (amar a Dios) Por que Jesús no separa el culto a Dios de una practica cotidiana de amor, como si fueran dos cosas diferentes. El mensaje central de la parábola es que el amor al prójimo, especialmente al enemigo, es la prueba visible del amor y el culto a Dios.
Una pregunta para reflexionar es ¿Como andamos nosotros en nuestras comunidades? ¿Quienes pueden ser nuestro prójimo?
Quiero terminar con un enfoque interesante de esta parábola que no es nuevo, pero ayuda: Hay quienes dicen que los malvados que maltrataron al caminante son los maestros de la ley y los fariseos. (Jesús muchas veces los trata de ladrones: hacer de la fe una ley)
El caminante es, por lo tanto “alguien que anda en una búsqueda espiritual”. Y que queda malherido a causa de que los “maestros de la ley” el sistema religioso imperante, lo ha despojado de todo, lo ha señalado como pecador y por lo tanto merecedor de la muerte eterna... y después cundo quiere volver a la iglesia algunos dicen, no con palabras, sino con hechos, ¿Y este quiere volver a la iglesia?
Así vive mucha gente cuando la religión se convierte en un sistema de leyes y formalismos carentes de amor al prójimo.
El “buen Samaritano es Jesús mismo”. Jesús que plantea una alternativa a la religiosidad de su tiempo. Un Jesús que no da rodeos para ayudar, para salvar vidas, para acercar almas a Dios, que no pregunta acerca de si el malherido amaba o no a Dios, sino un Jesús que va a lo concreto: vino al mundo para salvar aquello que esta malherido.
Los sacerdotes y levitas representan ese estilo de religión imperante, aquellos que se preocupan más en cumplir con los rituales que en ayudar a otros a conocer a Dios.
El posadero es Dios. Quien cuida y restaura a los malheridos.
El hecho que el samaritano mencione que va a volver, hace mención a la misma venida de Cristo.
Y de mientras, “Ve tu y haz lo mismo” ayuda a quienes necesitan recuperar la dignidad, el amor, las fuerzas…y sentir que Dios los está amando.
En conclusión lo que esta diciendo Jesús es que la Vida eterna no se puede comprar. No se negocia... se recibe gratuitamente cuando nos dejamos sanar por Jesús y como agradecimiento servimos y amamos a nuestro prójimo.
No se trata de “mostrarse exteriormente” sino de sentir en y desde el corazón.
Por eso podemos agradecer a Dios que haya enviado a su hijo para sanarnos, para curar nuestras heridas y acercar nuestra alma a la vida eterna.
Amén
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