Romanos 10, 5-13: ideas sobre la reforma protestante
Complementarios: salmo 46,2-8 – mateo 5, 2-10 1.cor. 3,11
El domingo pasado fue el día de la Reforma. El 31 de octubre de 1517 es cuando Martin Lutero clava las 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wüttemberg, en protesta a las indulgencias que había promulgado el papa para construir la capilla de San Pedro, en Roma.
Hace unos días pudimos ver la película sobre Lutero, en la que quedaba bien claramente expresada no solo la vida de Lutero sino también el contexto y cuales fueron los puntos sobresalientes que llevaron a Lutero combatir algunas cuestiones que Lutero creía que estaban erradas en la iglesia.
Pudimos ver que Lutero tenía una constante búsqueda: quería encontrar paz para su alma atribulada. No tenía paz de conciencia. Vivía atormentado con la idea de que se iba a morir y se tenía que presentar ante el juez supremo y que iba a ser condenado por sus pecados. Y en aquel entonces se creía que había un solo camino: “castigando al cuerpo se liberaba el alma”. Pero eso nunca conformó a Lutero. Él quería encontrarse con el verdadero Dios que consuela y da paz al alma.
Al entrar al convento de los agustinos y después de un viaje a Roma que realiza, comienza a darse cuenta de una cosa: que lo que pasaba a su alrededor, la miseria de la gente, la injusticia social, la enorme brecha entre la gente acomodada y los pobres, no eran “La Voluntad divina” como se hacia creer en ese entonces, sino todo lo contrario, era el producto del sistema feudal, que favorecía a los príncipes y la complicidad aprovechada de la Iglesia de Roma, que buscaba sacar sus grandes ventajas. Era la iglesia la que manejaba el conocimiento, la manera de creer e interpretar la Biblia.
Leyendo la Biblia que estaba escrita en latín para que nadie pueda entenderla sino solo la Iglesia, descubre varias verdades que la Iglesia ocultaba porque iban en contra de sus intereses de poder. En otras palabras, la realidad que se vivía no era nada comparado con el mensaje de humildad y de servicio que enseñó Jesucristo 1500 años antes.
Una de esas verdades tenía que ver con lo que buscaba, paz en su alma: leyendo Romanos 1:17 descubre que el justo vivirá por fe. Eso quería decir que no había que hacer “sacrificios” para lograr la salvación, ni castigar el cuerpo ni “comprar” el perdón de los pecados con indulgencias o con “cuotas”. Este concepto fue como si se abrieran las puertas del cielo para él. Cristo pasa a ser del implacable juez castigador, como lo interpretaba la iglesia, al salvador amoroso como lo dice la Biblia.
De más esta decir que no fue la teología lo que molestó a la iglesia de su tiempo sino el hecho que Lutero evidencia esa corrupción eclesiástica que estaba detrás de las indulgencias.
A la luz de este descubrimiento hay un antes y un después en la vida de Lutero. Desde entonces, pregona que solo la Biblia tiene autoridad para el creyente: la Biblia no puede ser interpretada como la iglesia quiere sino como es. La Biblia esta por encima de todo.
Y ahí se dedica ala tarea más importante: traduce la Biblia al idioma de la gente para que, como dice la película irónicamente, haya más cristianos. Es decir si más personas pueden leer en su idioma la Biblia, mas se pueden acercar a la fe y no solo a lo que dice la Iglesia que es la fe o la tradición.
Y aquí otro punto importante de la obra de Lutero: el tema de la gracia de Dios o las obras. A lo largo de su búsqueda por encontrar paz para su alma, descubre que no se trata de “hacer méritos u obras para ganarse a Dios”, sino que es solo cuestión de fe. Y como el creyente se sabe perdonado por la misericordia de Dios y solo por su misericordia, es que realiza obras de gratitud.
O sea, Dios no está en el cielo con una agenda tomando nota de las obras que hace cada uno y si llega a un número determinado de obras le concede la salvación. Por obras debemos entender aquí sacrificios, ofrendas, indulgencias, peregrinaciones, rosarios, ir a misa, etc.
Las obras que habla Lutero son las obras fruto del amor recibido por Dios, la caridad, el servicio, la ayuda a terceros. Las otras son obras o sacrificios individuales.
Hubo quienes criticaron a Lutero y quienes critican hoy a los luteranos por este tema de las obras. Ellos dicen que si es solo la fe la que salva, uno puede hacer todos los pecados que quiera, luego se arrepiente y ya es salvo. ¿Qué hay entonces de los otros que toda su vida fueron buenas personas, hicieron sus aportes como miembros, fueron todos los domingos al culto? ¿No es eso injusto?
Esta es la misma discusión que tuvo el apóstol Pablo en la época de Jesús. La ley se cumple por miedo al castigo, al juicio de Dios. En cambio la propuesta de Jesús es la de hacer los mandatos de Dios por amor a su misericordia. Cristo murió en la cruz como sacrificio por nosotros, nosotros ya no necesitamos hacer sacrificios, solo necesitamos ser agradecidos y amar así como Cristo nos amó. No podemos comprar la salvación. Fue Cristo el que nos la regaló.
Cuando vimos la película hay una escena en la que se resalta esto, es la que sucede después de que se le muestran a Lutero las reliquias que se compró para la ciudad de Wüttenberg. “Quien adora esas reliquias tendrá 1.902.202 años y 270 días de perdón en el purgatorio”. Y luego aparece Lutero frente a un crucifijo y su superior le dijo que el Cristo en la cruz hace más viviente la agonía de Cristo para el creyente. A esto Lutero pregunta si adoramos al único hijo de Dios o al pedazo de madera…
Me quede pensando en esta imagen… porque acá queda clara la diferencia entre un crucifijo es decir una cruz con el Cristo en ella o una cruz libre, sin el Cristo. Y tiene que ver con como entendemos el asunto. Si queremos resaltar el “sacrificio” el “sufrimiento” de Jesús para que nos haga acordar a que nosotros debemos tener el mismo sufrimiento o si queremos resaltar la resurrección de Cristo, es decir el hecho de que él nos hizo libres de culpa, es decir ya no necesitamos del sacrificio para encontrar la salvación.
Este es un tema crucial: o somos esclavos y seguimos con la ley y por lo tanto con el cumplimiento de “sacrificios” o nos sentimos perdonado y actuamos con amor y alegría por sabernos ya salvos.
Y si entendemos bien este concepto, estamos llamados a cambiar nuestra perspectiva de la vida, a reformarnos a nosotros mismos, es decir: podemos celebrar con alegría la presencia de Dios en nuestras vidas y por esa presencia luchar para que el mundo cambie, o podemos quedarnos con el viejo esquema de “sacrificio” y “sufrimiento” haciendo de nuestras vidas espirituales un calvario más de los que ya tenemos que afrontar todos los días.
…
Resumiendo podemos decir que los tres o cuatro pilares de la fe protestante son:
La lectura de la Biblia. Todos podemos y debemos leer la Biblia todos los días para conocer de primera mano, a través de nuestra propia relación ella, las enseñanzas de Jesús.
Solo la fe nos va a salvar. El otro día dije en la radio local que a veces seguimos con esa idea de que alcanza con ser “buenas personas”, ir al culto, y hacer ofrendas para salvarnos. Todos esos son entendidos como sacrificios para ganarnos el cielo. La base es la fe. Cualquiera puede ser bueno, eso no quiere decir que cree en el Único Hijo de Dios como salvador. Yo conozco un montón de gente buena que hace donaciones y ofrendas… pero no cree en Dios. Solo la fe en Cristo que porque ya murió por mi me salva de la condena eterna es lo que realmente me hace libre y libre para amar verdaderamente a Dios y al prójimo como a mi mismo.
El tercer punto es el del sacerdocio. Todos estamos llamados a ser sacerdotes de Dios. ¿Qué quiere decir esto? Todos debemos cumplir desde nuestros lugares de trabajo, nuestras familias, el barrio, el vecindario, con el mandato de llevar las buenas nuevas a todo el mundo. Hablar del amor de Dios pero también encarnar el amor de Dios amando al prójimo.
¿Cuántas cosas en el mundo cambiarían si todos amaramos plenamente o transmitiéramos y cumpliéramos con las enseñanzas de Jesús? Quizá no haya más hambre en el mundo, no haya más injusticias, dolores, guerras…
A veces me sorprende ver cuanto nos cuesta a nosotros, herederos de la reforma, leer la Biblia, o traerla a los cultos, hablar a otros sobre el amor de Dios, ser más partícipes en la vida cultica y celebrativa de la Iglesia, manejarnos con la libertad de la fe en vez de usar el dedo de la inquisición pensando más en lo que hacen los demás que en lo que hace cada uno con su conciencia…
Y me sorprende ver como otras iglesias, especialmente aquella que condenó a Lutero, como ellos aprendieron la lección de la Reforma, los laicos leen más la Biblia, los laicos, al menos en otras ciudades participan más activamente de la vida celebrativa de la iglesia, hay laicos que hacen misas, y se animan de hablar más de su fe.
Quiero desafiarlos a que busquemos en nuestras comunidades a redescubrir el aporte de Lutero a la vida espiritual y que podamos vivir nuestra fe com más alegría, más esperanza y más amor.
Amén
03/11/2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada