Mateo 11, 1-11 tercer domingo de adviento
Complementos: salmo 145,7-10 / Isaías 35,1-6ª.10 /Santiago 5,7-10
Abs. Lucas 4:18
La respuesta de Jesús sorprendió a todos, especialmente a aquellos que habían ido a preguntarle a Jesús lo que su líder les ordenó. Juan el bautista estaba en la cárcel. Toda su vida había predicado que detrás de él iba a venir alguien mucho más poderoso, que iba a, al fin, poner orden en este mundo caótico.
La cosa estaba complicada. El maestro Juan estaba en la cárcel porque decía las cosas de Dios en forma clara y directa. No andaba con vueltas, no cambiaba de discurso, como hacen muchos, que cuando están frente a alguien dicen una cosa y a sus espaldas dicen otra. Si él tenia que decir algo lo decía de frente y claramente. Por eso estaba preso, porque no se callaba. Porque no “dibujaba” las cosas a su conveniencia, porque ponía en evidencia la corrupción de los poderosos, porque le decía a los líderes de la iglesia que eran una raza de víboras, es decir, no cumplían con la misión que tenían que cumplir. Si ellos, los líderes de la iglesia hubieran cumplido con su misión, con lo que prometieron el día en que fueron ordenados al ministerio, las cosas en el mundo, en la iglesia y en el corazón de la gente estarían muy distintas. Como dice un cantante religioso contemporáneo, “mientras las iglesias discuten sobre estructuras y presupuestos, hay millones de niños que se mueren de hambre y sigue habiendo miseria, guerra y destrucción”.
Juan estaba en la cárcel porque denunciaba pero también anunciaba un gran cambio, pero un cambio que debía empezar en el corazón de cada uno. Y eso molestaba a las autoridades de ese entonces.
Y en la cárcel escucha Juan que Jesús, ese pariente que él había bautizado, esta haciendo grandes cosas. La gente lo quería saber si en verdad si ese Jesús era el que estaban esperando… o… como siempre la esperanza, la ilusión de un cambio se tiene que postergar para más adelante.
Pareciera que el propio Juan, aquel que predicó toda su vida sobre la llegada inminente del Mesías, ahora tiene dudas. Pareciera que él se preguntaba, o mandaba a preguntar, si valió la pena todo lo que se hizo para preparar el camino. Parecía ansioso para que todo se de ya ahora.
La duda es buena. La fe es la capacidad de soportar dudas.
Las pruebas que se sufren por amor de Cristo y su causa, pueden a veces ser tan insoportables que nublan el Espíritu de la misión del ser humano. Es decir que hasta la fe más fuerte puede entrar en crisis cuando los resultados son negativos. Cuando la tentación y la duda calan hondo en el creyente pueden poner en duda hasta las verdades más certeras. Pero eso demuestra que muchas veces las verdades de la fe están solo en la mente y no en el corazón.
Es por eso que Jesús apela a otro argumento, no al de la mente, es decir a manejar la fe por lo que me dijeron o lo que se escribe sobre tal o cual cosa, como si fuera algo intelectual, sino por el sentimiento, por lo que experimentamos.
La fe no es algo racional, sino algo experimental. Es como que Jesús le dice a los enviados de Juan, experiméntelo ustedes mismos. Y hablen de lo que sintieron en su corazón, no por lo que les cuentan.
Si yo oigo algo diferente de lo que veo, tengo duda, hay algo que no cierra. Es como ese dicho que reza “haz lo que digo y no lo que hago”. Habría que cambiar: “mira lo que hago y veras lo que pienso y digo”.
Algunos comentaristas dicen que Juan manda a hacer esa pregunta en realidad para que los discípulos de Juan se convenzan de que Jesús era el Mesías y no Juan. Ellos estaban tan segados con Juan que celaban de Jesús. Por otro lado, dicen, era para darles esperanzas a sus discípulos. Que vayan a la fuente.
¿Qué testimonio estamos dando los cristianos de nuestra fe?
Vayan y cuenten lo que ven: es en los hechos, en la transformación que se ve si se están manifestando las señales del Reino de Dios. Cuando:
Los ciegos ven…
Los cojos andan…
Los leprosos quedan limpios…
Los sordos oyen…
Los muertos vuelven a la vida…
A los pobres se les anuncia el reino de Dios.
¿Será Jesús el que estamos esperando en nuestra vida?
¿Será Jesús el que puede cambiar nuestra ceguera en visión?
Hay un tango que Dice: “El mundo fue y será una porquería, ya lo se…” Y sinceramente creo que muchas veces nosotros creemos eso y quedamos ciegos ante las posibilidades de la vida. Hacemos como que no queremos ver. Es mas fácil engancharse en esa idea de resignación, de falta de esperanza, de sin sentido y escudarse detrás de ilusiones vanas, de egoísmos.
Yo tenia un adorno, lamentablemente se me rompió, que mostraba a tres monos: el primero se tapaba los oídos con sus manos: no quería escuchar. Escuchar los gritos de dolor y de angustia de sus semejantes. El segundo se tapaba los ojos, no quería ver. O quería ver la realidad de lo que pasaba a su alrededor. El tercero, se tapaba con sus manos la boca, no quería hablar, no quería transmitir esperanza ni denunciar las injusticias de lo que pasa a su alrededor.
Y los tres tenían las manos ocupadas en lo que no querían hacer. Y por eso tampoco podían usar sus manos para actuar, para trabajar…
Juan estuvo en la cárcel porque oía, veía, hablaba y actuaba a favor del Reino de Dios. Pagó el precio, tomó su cruz y por eso quería estar seguro de que su accionar iba a tener frutos.
La iglesia cristiana de hoy tiene dificultades para escucharla voz de Jesús para saber que esta viniendo a nuestro encuentro y escuchándola saber obedecerla. Tiene dificultades para escuchar la voz de los que sufren injusticias, los que sufren la soledad, el abandono, el maltrato. Y está como los discípulos de Juan preguntando: ¿Será que es Jesús al que tenemos que seguir, o nos enganchamos con otras creencias e ideologías, que nos invitan al facilismo, al no compromiso, al preocuparme solo de mi mismo y no escuchar al prójimo para no tener que asumir una responsabilidad por concretar esa esperanza de lo nuevo?
La iglesia cristiana de hoy tiene dificultades para ver señales de ese Mesías que esta viniendo a nuestro encuentro y ver las manifestaciones de su reino entre nosotros. Dificultades para ver el sufrimiento y el dolor de los que sufren. Y está como los discípulos de Juan preguntando: ¿Será que es Jesús al que tenemos que seguir, o nos enganchamos con otras creencias e ideologías, que nos invitan al facilismo, al no compromiso, al preocuparme solo de mi mismo y no asumir una responsabilidad, un jugarse por concretar esa esperanza de lo nuevo?
La iglesia cristiana de hoy tiene dificultades para hablar, para anunciar que ese Mesías esta viniendo a nuestro encuentro y llevar esperanza a su prójimo. Dificultades para denunciar el sufrimiento y el dolor de los que sufren. Y está como los discípulos de Juan preguntando: ¿Será que es Jesús al que tenemos que seguir, o nos enganchamos con otras creencias e ideologías, que nos invitan al facilismo, al no compromiso, al preocuparme solo de mi mismo y no asumir una responsabilidad, un jugarse por concretar esa esperanza de lo nuevo?
La iglesia cristiana de hoy ha perdido ese rol de ser agente de transformación. Sigue preocupada con su día a día, por lo que pasa dentro de sus cuatro paredes, lo que pasa a nivel institucional.
Y alguno podría decir ¡No parece mucho! ¿No debería la iglesia transformar la sociedad? ¿No debería comprometerse un poco más con los problemas que tiene la sociedad hoy en día? ¿No debería ser más enérgica en algunas cuestiones fundamentales que contradicen los principios cristianos? ¿No debería escuchar, ver, hablar y actuar con más firmeza para que realmente se vaya manifestando el Reino de Dios en nuestra sociedad? Esa es la navidad que espera Jesús, una navidad que empieza en nuestros corazones y que realmente se empiece a ver que en Jesús, o a través de Jesús se empiecen a dar unos cambios concretos en nuestra sociedad. Muchas veces pasa, que celebramos la navidad de una forma romántica con lindas canciones y adornos y regalos… y el 26 de diciembre todo sigue igual que antes: resignación… egoísmo… falta de esperanza y poco… muy poco amor entre los cristianos.
Juan está en la cárcel por que no se dobló ni se vendió al mejor postor. No se calló ante la injusticia que estaba escuchando y viendo a su alrededor. Y actuó, no se quedó paralizado, como con miedo. Por eso puede tener esperanza de que un cambio ocurra a partir de Jesús.
Cuando los ciegos espirituales, o sea los que no quieren ver, comiencen a ver. Cuando los sordos espirituales, o sea los que no quieren escuchar lo que está pasando a su alrededor, cuando los cojos espirituales, o sea los que se hacen los rengos y no quieren ponerse en movimiento, cuando los enfermos espirituales, o sea los que están perseguidos por el pecado, comiencen a sentirse liberados y no señalados, ahí va a poder verse y experimentarse señales del Reino de Dios. Ahí vamos a poder decir, “no necesitamos esperar a otro, porque el Reino de Dios ya está en medio nuestro”.
Jesús bendice a quienes no pierden la confianza en él. Pongamos, en este adviento todas nuestras energías en oír su voz, ver señales de esperanza en nuestro entorno, hablar del Reino de Dios y sobre todo actuar para que la navidad tenga sentido en nuestras vidas.
Que Dios nos bendiga a todos, amén.
11/12/2010
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