Nuestra Historia

La comunidad protestante está presente en la zona desde 1928 cuando el 8 de julio de ese año se celebró el primer culto y el 22 de julio de ese mismo año se funda la Comunidad Evangélica de Santo Domingo. Desde ese entónces se trabaja para la construcción de un templo, poniéndose la piedra fundamental el 18 de abril de 1929. Se inaguró el mismo el 29 de setiembre de ese mismo año.
Desde los comienzos, la comunidad evangélica ha estado presente en la vida del pùeblo con sus aportes y su testimonio de fe.


02/12/2010

Meditacion para la semana del 4 al 10 de diciembre - 2. adviento

Segundo domingo de Adviento: Mateo 3, 1-11

salmo 72, 1.2.7.8.12.13.17 / Isaías 11, 1-10 /Rom. 15, 4-9

Mi mamá era una buena ama de casa, y a pesar de que para mí la casa siempre lucía bien, recuerdo lo que sucedía cuando mi mamá se enteraba de que venía alguna visita, cosa que era muy frecuente debido a la actividad de mi padre.
Ella sacaba la escoba, el trapo y el balde, esponjas, limpiador de cristales, el limpiador de baño, pañitos, etc. Y nos llamaba a todos los hijos y nos asignaba tareas a cada uno de nosotros. Y como éramos seis hermanos las cosas se hacían rápido, pero había que controlarlas. Cuando terminábamos ella cotejaba que todo estuviera bien y que no hubiese nada si hacer.
Y luego venía la serie de preguntas inevitables que toda madre hace a sus hijos, sobre todo a los varones, porque las mujeres tienen un don mas innato de ser más prolijas.
¿Tenés tu cuarto limpio y ordenado? ¿Guardaste todos los juguetes? ¿Tenés ropa tirada en el piso o en el espaldar de una silla? ¿Hiciste tu cama esta mañana? Y nos daba 10 minutos, solo 10 minutos para hacer todo eso.
En la Biblia se nos dice que en los días antes de que Dios enviara al Mesías, su propio hijo, envió a un profeta llamado Juan a predicar y a decirle al pueblo que se preparara para su venida.
Obviamente, cuando Juan les dijo que se prepararan para recibir al Mesías, no les decía que debían ir a su casa a barrer el piso y hacer sus camas, para que esté todo lindo y ordenado para agradar la vista del visitante. . Lo que quería decir era que tenían que preparar sus corazones, lo interno, y hacer un poco de orden en su interior. Y de eso se trata esta época de adviento.
Israel estaba pasando por una época histórica difícil: en el año 63 antes de Cristo, el imperio romano había invadido a Palestina, imponiendo al pueblo una dura esclavitud. Las revueltas populares se sucedían, una tras otra, sobre todo en Galilea, pero fueron duramente reprimidas por las legiones romanas. La actividad de Juan Bautista se desarrolla, según nos cuenta el evangelio de Lucas, en el año 15 del gobierno de Tiberio, emperador de Roma. Tiberio fue emperador del 14 al 37 después de Cristo. Lucas nos cuenta que cuando nació Jesús, en Israel gobernaba Herodes, así nos cuenta Lucas en el relato de Navidad y Mateo en el capitulo 2. A la muerte de Herodes su reino quedó dividido entre sus tres hijos: Arquelao heredó Judea, Samaria e Idumea; a Herodes Antipas le correspondió Galilea y Perea y Felipe quedó al frente de la parte oriental y del norte de Galilea. El más cruel entre ellos fue Arquelao quien gobernó desde el año 4 antes de Cristo hasta el 6 después de Cristo.
La violencia se hizo sentir en toda la Judea. Este hecho empuja a José y María a regresar a Nazaret en Galilea y no hacia Belén en la Judea (Mt 2,22). En el año 6, Archelao fue depuesto y la Judea se convirtió en Provincia Romana con el Procurador nombrado directamente del emperador de Roma. Pilatos fue uno de estos procuradores. Gobernó desde el año 25 al 36. Este cambio de régimen político trajo una cierta calma, pero revueltas esporádicas, como la de Barrabás (Mc 15,7) y la subsiguiente represión romana (Lc 13,1), recordaban la extrema gravedad de la situación.
La calma era apenas una tregua, era como se dijo acá, en Argentina, una vez, una “tensa calma”. Roma era cruel.
Es en este contexto en el que, hacia el año 28 después de Cristo, Juan Bautista aparece como profeta en el desierto. Se había creado una gran expectativa en torno a su persona, que anunciaba un gran cambio. Un cambio que anunciaba algo nuevo: un nuevo Reino. Ya no un reino violento como el que los habitantes de Israel y muchos otros pueblos en el mundo estaban y están acostumbrados, sino algo totalmente nuevo: para que cambie el mundo, tiene que haber primero un cambio interior, que pasa por una conversión, una revisación interna de la vida de cada uno, para reencontrarse con el fundamento de la vida, y reencontrarse con el fundador de la vida, nuestro Dios.
La realidad hoy en día en el mundo no ha cambiado mucho: sigue habiendo gobiernos violentos, corrupto, revueltas, disconformidad y represión. Por ahí hoy vemos manifestada de otras maneras la bronca y disconformidad de la sociedad: drogas… alcohol… motociclistas que arriesgan sus vidas haciendo malabares en la calle…tantas violencias en las calles. Todas cosas que nos dan una sensación de que ya nada tiene sentido a nuestro alrededor y que nuevamente haría falta que alguien venga a este mundo para que se haga orden en nuestra casa.
Lo bueno es que hoy todavía sigue habiendo una gran expectativa de conversión y reconciliación con Dios. Quizá no es tan clara y la humanidad está un poco más desorientada en esta búsqueda. Pero esa búsqueda existe y se manifiesta de muchas maneras:
La búsqueda de un nuevo significado que dar a la vida,
Búsqueda de espiritualidad, con tantos movimientos de búsqueda de una paz interior.
El movimiento internacional del Foro Social Mundial “Otro mundo es posible”, etc.
El adviento es un tiempo apropiado para renovar este deseo de cambio en nosotros, de conversión de acercamiento a Dios. Un cambio que pasa en primer lugar por re-encontrar el norte, el rumbo de la humanidad. El para que de nuestra existencia.
Juan nos dice: “vuélvanse a Dios porque el Reino de Dios está cerca”. El verdadero Reino, no el de violencia generada por la desigualdad, sino el verdadero Reino de Dios, el que él quería hacer en el Edén inicial.
En griego, la expresión que se usa es “metanoia” que significa cambio, no sólo de la conducta moral, sino también y sobre todo de la mentalidad. ¡Cambio en el modo de pensar! La gente debía tomar conciencia del hecho de que su modo de pensar era un error y se debía cambiar.
Y un aspecto que menciona Juan es el que tiene que ver con la religión. Religión y fe son dos cosas diferentes. La religión es el conjunto de ritos y costumbres que usamos para fortalecernos en la fe. Pero es la fe lo que hay que replantearse. La religión es solo el marco para contener la pintura, pero no es la pintura en si.
Dice claramente: no alcanza con decir somos “cristianos”, y cumplimos con los ritos y tradiciones que hemos aprendido desde niños en la iglesia, sino que hay que demostrar que somos cristianos en los hechos cotidianos, en los frutos. Y acá es donde entra en juego Isaías.
El profeta hace una descripción de lo que es la tarea del Mesías:
-implantar la justicia de Dios en su reino
-establecer una nueva relación con la creación (11,4-9).
-favorecer a los pobres y desamparados (11,4),
-atraer a todos los pueblos a su reino de paz,
-nadie será enemigo de nadie, incluso los animales considerados como enemigos tradicionales de los humanos serán dóciles con ellos, y lo serán con sus más débiles representantes: los niños (11,6.8).
Y cuando nos habla de mostrar nuestra fe con frutos, nos dice claramente que se demuestra que somos cristianos cuando seguimos con la obra que Jesús inició:
Somos cristianos cuando implementamos la justicia
Somos cristianos cuando nos amigamos con la creación de Dios y no destruimos la naturaleza
Somos cristianos cuando ayudamos a los pobres y desamparados
Somos cristianos cuando luchamos por la paz en su sentido amplio
Somos cristianos cuando nos reconciliamos con nuestros enemigos
Podríamos dedicarnos días enteros a desarrollar cada uno de estos aspectos que mencioné y muchos más…
De eso se trata el adviento… de un camino… preparen el camino del Señor. Preparemos nuestro corazón para que cuando nazca Jesús no quede toda la fiesta en un ritual religioso… y pasados unos días seguimos en nuestra vida igual que antes, sino transformemos con fe el “sabor amargo” de nuestra sociedad en señales de esperanza concretas.
De esa forma estaremos haciendo adviento de fe, y seguramente aportaremos a que el reino de Dios se vaya haciendo realidad entre nosotros.
Comencemos con pequeñas señales pero de grandes efectos: perdón y reconciliación. El desafío para estas semanas de adviento es que busquemos a quien tenemos que pedirle perdón por algo y nos reconciliemos con él o con ella, como nos enseñó Jesús hasta setenta veces siete. Y de esa manera también nos podremos acercar a Dios con una actitud de pedirle perdón a Él y reconciliarnos con Él.
Adviento es tiempo de esperanza y conversión, una esperanza activa. No se esperar la salvación de Dios y su venida con los brazos cruzados, ni tampoco de espaldas a la verdad. Para «preparar el camino del Señor» el imperativo es tajante: «conviértanse, porque está llegando el reino de los cielos».
Eso quiere decir que llegó la hora de Dios. Que ese Dios que esta viniendo sea el centro de nuestra vida cada día de este nuevo año litúrgico que comienza, amén.

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