Nuestra Historia

La comunidad protestante está presente en la zona desde 1928 cuando el 8 de julio de ese año se celebró el primer culto y el 22 de julio de ese mismo año se funda la Comunidad Evangélica de Santo Domingo. Desde ese entónces se trabaja para la construcción de un templo, poniéndose la piedra fundamental el 18 de abril de 1929. Se inaguró el mismo el 29 de setiembre de ese mismo año.
Desde los comienzos, la comunidad evangélica ha estado presente en la vida del pùeblo con sus aportes y su testimonio de fe.


15/12/2010

Una reflexion para navidad

Meditación de Navidad en torno a una nuez

La navidad es con seguridad la fiesta más linda del año: la iglesia se ilumina con las luces del arbolito navideño, las tradicionales canciones de navidad. Muchas cosas que ya de chiquitos venimos recordando. Es como algo especial en nuestras vidas.
Pero si queremos que sea una gran fiesta, también debemos prepararnos para ella. Cada uno de nosotros estuvo, seguramente, preparándose para esta fiesta: comidas y bebidas; regalos que se consiguieron pensando en los gustos de cada uno de los que lo reciben y el envolverlos para que sea sorpresa; tarjetas con saludos navideños que ya fueron enviados hace rato por correo; la lista de los parientes e invitados que van a venir a compartir nuestra mesa; hasta nos hemos acordado de esos parientes lejanos y conocidos, que sino, los olvidamos durante el resto del año. Hasta nuestras caras y nuestros espíritus se han transformado en alegría a pesar de que hace unas semanas estábamos todos angustiados y preocupados por la situación económico – política de nuestro país.
Nos hemos preparado bien para estas fiestas. Pero ¿alcanza con todas estas preparaciones externas, con todo este trajín, para que sea una verdadera fiesta de Navidad?
¡Seguro que no!
Por eso es que también estamos celebrando hoy en la iglesia. Y en la Iglesia no estamos festejando que pudimos culminar con todos los preparativos para esta fiesta, o que ya vinieron los parientes, ni estamos celebrando la venida de Papa Noel. Ni nos reunimos para agradecer que nos trajeran tal o cual regalo.
Sino que, nos reunimos para otra cosa totalmente diferente. Nos reunimos para celebrar el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, quien es nuestro Salvador.
Estamos invitados también hoy, en medio de esta fiesta, este trajín, a escuchar la palabra de Dios, aquellas palabras de la promesa de salvación. Estamos invitados a cantar junto a los ángeles y pastores: ¡Gloria a Dios en las alturas!
Querida Congregación: esto es una nuez. Un fruto que se suele comer mucho para esta época del año. Una exquisitez. Para saborear este fruto, no podemos metérnosla simplemente en la boca y masticarla. Y menos aun romperla con los dientes para comerla.
Pero como lo que está adentro de este fruto es un deleite muy rico para nuestro paladar, es que optamos por tomarnos el trabajo de abrirla, o de buscarnos alguna herramienta para abrirla y sacar la dura y áspera cáscara de esta nuez.
Pero, ¿qué tiene que ver la navidad con esta nuez? Un montón. No de casualidad encontramos en muchos presentes, en muchos regalos, estas nueces que, seguramente, quieren ser abiertas por quienes la reciben.
Separar la cáscara del contenido no siempre es fácil. Parece que en esta época de navidad se vuelve a entremezclar todo, como si quisiéramos tapar el verdadero contenido, o que está adentro. Así pasa con la navidad. No solo pasa con la navidad, sino con todas las cosas de la vida.
Acá tenemos una nuez dorada (mostrar una nuez envuelta en papel dorado o pintada)
Dorada y brillante. Mucho más presentable que esta otra. Así, envuelta, no se ve ni la cáscara dura, ni el color de la cáscara.
Dorado y brillante como se nos quiere presentar muchas cosas en nuestro tiempo, que nos atraen y nos atrapan, nos envuelven por lo vistoso que son. Nos hacen creer que así es mejor, que si no tenemos así a la nuez, envuelta en pompas, ya no podemos ser felices en nuestras vidas. Y así con muchas cosas.
Pero no pasa esto solo con las cosas que compramos o regalamos, con todo lo que comercialmente se nos quiere vender en esta época de navidad, haciéndonos creer que de esta forma, es la mejor navidad de nuestras vidas.
Sino que, hacemos lo mismo con nuestras propias vidas: con las ansias de buscar un sentido en nuestras vidas, con nuestra esperanza, con nuestro compromiso cristiano, con nuestro medio ambiente, con nuestras actitudes de amor y de respeto…
Todo eso lo envolvemos y le ponemos moño, para que parezca más vistoso y luzca más lindo. Y le agregamos más y más cosas, para no tener que sacar el carozo, el contenido, lo “verdadero”, lo que se puede usar de cada una de las cosas. Así vivimos mejor, escondidos detrás de tantas envolturas, papeles, cáscaras que tiene nuestra vida, que no logramos apreciar ni apreciamos lo verdadero, en ese rico pedacito de nosotros mismos.
Nos hacemos más familiar con aquello que está más visible a nuestros ojos, lo exterior, que en tomarnos en trabajo de descubrirnos en nuestro interior, en el carozo mismo de nosotros.
Otra imagen que podemos usar es aquella cuando alguien recibe de regalo una caja enorme y se pone muy contento. Lo grande y exagerado alegra más el corazón, porque el regalo entra por los ojos. Abre la caja y descubre que adentro hay una caja más chiquita. Abra esta segunda caja y encuentra una más chica aún... hasta que descubre que el verdadero regalo estaba en una caja muy chiquita recubierta de muchas cajas con brillantes colores. Nos habíamos puesto contentos con algo tan grande y resulta que fuimos sorprendidos con algo tan pequeño.
Quizá somos de esas personas que nos conformamos fácilmente con la primera impresión de las cosas porque es más fácil que tomarse el trabajo y la paciencia de investigar que hay detrás de lo que se nos ofrece: en la vida cotidiana, en la televisión, en las cosas materiales, en los valores humanos.
Sin embargo no debemos abandonar esa espera paciente, esa ansiedad por saber lo que realmente hay adentro de la cáscara dura de las cosas de la vida.
Sin duda, el texto, la historia de Navidad, nos conduce al centro mismo de la cuestión. El niño querido y esperado, es acostado cariñosamente en un pesebre, junto a todos los animales así como se nos cuenta en las leyendas de navidad. Ya esa imagen de ternura y de amor nos debería sacudir nuestra indiferencia ante tantos niños que año tras año, día tras día, son abandonados por sus padres o no reciben ese amor que recibió el niño Jesús. Esa historia nos invita en estos tiempos de Navidad a empacharnos de gestos de amor y de afectos para con nuestros seres queridos, para con los niños abandonados y maltratados.
O si queremos sacar esa cáscara dura que nos repele y salir de lo que parece lo acostumbrado de esta historia: José y María, una pareja en peregrinaje, sin una vivienda propia, quizá unos okupas en Belén. Uno podría estar pensando en que son irresponsables: en una situación así de pobreza todavía agrandar la familia… y tan jóvenes… sin un futuro seguro. En vez de tener todo el ajuar de bebe ya pronto, cochecito, cuna y moisés… le dan al niño un pesebre, un comedero de animales. Hoy nos preocuparía, más que solucionar los problemas de vivienda, todos los riesgos que eso trae consigo.
Vivir puede ser algo muy duro. Sobrevivir no es siempre lo más fácil. Pero no obstante a este niño no le ha faltado lo más importante, el amor de sus padres.
El envoltorio más común y corriente hubiera sido abandonar al niño y evitarse un montón de problemas. Dejarlo en la puerta de alguna iglesia, o en una bolsa de residuos, como uno escucha muchas veces que pasa en las grandes ciudades. O venderlo a algún país extranjero para hacerse de unos pesos.
Seguramente José y María estaban muy preocupados por la llegada de este niño. La angustia de no poder celebrar este nacimiento con los más allegados, en la mejor de las clínicas… con toda la atención medica del caso.
Vayamos más a fondo… La esencia de la navidad, el carozo de la Buena Noticia, el motivo por el cual hay celebramos todavía la Navidad se puede encontrar en un versículo del Evangelio de Juan: Jesucristo es la luz del mundo. Esa luz iluminará las tinieblas.
Querida comunidad: de ese pesebre sale la luz del mundo. Quien se encuentra con Jesús en esta navidad, transforma su vida en luz, en claridad. Ese experimenta alegría y ánimo de servir a Dios.
Después de experimentar esto, de encontrarnos con Jesús en el pesebre, podemos experimentar que cada uno de nosotros es invitado por Cristo para recibir luz en sus vidas. Dios nos regala a su hijo, y con él nos regala a cada uno el carozo para nuestras vidas, el sentido a la vida: la luz. Con la luz de Cristo no necesitamos “envolver” nuestra vida con pompas exteriores.
Y somos invitados y desafiados a llevar esa luz al exterior del templo. Llevarla a cada hogar. Quizá hasta podamos simbólicamente encender una vela en nuestros hogares y tenerla encendida como símbolo de que Jesús nació en nuestra vida y quiere ser luz en nuestro hogar. Y o regalarla a alguien que necesita un poco de luz en su vida:
A aquellos que siguen encerrados en sus envoltorios externos sin entender el verdadero sentido de la navidad.
A la gente mayor, que está sola y está esperando alguna visita…
A los enfermos, a los tristes, a los que no encuentran sentido a sus vidas…
A los que están cansados de la vida, de sus trabajos, de sus problemas, a los que están cansados de luchar.
Pero sobre todo, regalémonos esa luz a nosotros mismos, para encontrar en ese niño que hoy está en el pesebre, una señal, una muestra de lo que es amar y servir a Dios, siguiendo las enseñanzas que Él nos dejó, practicando un poco más el amor, la hermandad, la comprensión y el sentido de comunidad.
Lo verdadero, lo correcto de la Navidad es que Cristo vino al mundo para darnos una esperanza, un aliento, una fortaleza y no solo un momento de festejos y nada más. Navidad, tiempo de esperanza y de aliento, debería ser todo el año, en todo momento deberíamos tener presente ese regalo de Dios y mantener firme la esperanza.
De esta forma estaremos comprendiendo y transmitiendo el verdadero sentido, el carozo de la navidad. Regalarles a otros un poco de alegría y un poco de amor, es el carozo, el verdadero sentido de este pesebre. Lo demás es un envoltorio dorado que nos quiere distraer del verdadero mensaje de navidad.
Llevemos a nuestro hogar ese regalo de esperanza que nace en el pesebre y celebremos verdaderamente una navidad en nuestro corazón.
Amén

11/12/2010

Meditacion de la semana

Mateo 11, 1-11 tercer domingo de adviento


Complementos: salmo 145,7-10 / Isaías 35,1-6ª.10 /Santiago 5,7-10

Abs. Lucas 4:18





La respuesta de Jesús sorprendió a todos, especialmente a aquellos que habían ido a preguntarle a Jesús lo que su líder les ordenó. Juan el bautista estaba en la cárcel. Toda su vida había predicado que detrás de él iba a venir alguien mucho más poderoso, que iba a, al fin, poner orden en este mundo caótico.

La cosa estaba complicada. El maestro Juan estaba en la cárcel porque decía las cosas de Dios en forma clara y directa. No andaba con vueltas, no cambiaba de discurso, como hacen muchos, que cuando están frente a alguien dicen una cosa y a sus espaldas dicen otra. Si él tenia que decir algo lo decía de frente y claramente. Por eso estaba preso, porque no se callaba. Porque no “dibujaba” las cosas a su conveniencia, porque ponía en evidencia la corrupción de los poderosos, porque le decía a los líderes de la iglesia que eran una raza de víboras, es decir, no cumplían con la misión que tenían que cumplir. Si ellos, los líderes de la iglesia hubieran cumplido con su misión, con lo que prometieron el día en que fueron ordenados al ministerio, las cosas en el mundo, en la iglesia y en el corazón de la gente estarían muy distintas. Como dice un cantante religioso contemporáneo, “mientras las iglesias discuten sobre estructuras y presupuestos, hay millones de niños que se mueren de hambre y sigue habiendo miseria, guerra y destrucción”.

Juan estaba en la cárcel porque denunciaba pero también anunciaba un gran cambio, pero un cambio que debía empezar en el corazón de cada uno. Y eso molestaba a las autoridades de ese entonces.

Y en la cárcel escucha Juan que Jesús, ese pariente que él había bautizado, esta haciendo grandes cosas. La gente lo quería saber si en verdad si ese Jesús era el que estaban esperando… o… como siempre la esperanza, la ilusión de un cambio se tiene que postergar para más adelante.

Pareciera que el propio Juan, aquel que predicó toda su vida sobre la llegada inminente del Mesías, ahora tiene dudas. Pareciera que él se preguntaba, o mandaba a preguntar, si valió la pena todo lo que se hizo para preparar el camino. Parecía ansioso para que todo se de ya ahora.

La duda es buena. La fe es la capacidad de soportar dudas.

Las pruebas que se sufren por amor de Cristo y su causa, pueden a veces ser tan insoportables que nublan el Espíritu de la misión del ser humano. Es decir que hasta la fe más fuerte puede entrar en crisis cuando los resultados son negativos. Cuando la tentación y la duda calan hondo en el creyente pueden poner en duda hasta las verdades más certeras. Pero eso demuestra que muchas veces las verdades de la fe están solo en la mente y no en el corazón.

Es por eso que Jesús apela a otro argumento, no al de la mente, es decir a manejar la fe por lo que me dijeron o lo que se escribe sobre tal o cual cosa, como si fuera algo intelectual, sino por el sentimiento, por lo que experimentamos.

La fe no es algo racional, sino algo experimental. Es como que Jesús le dice a los enviados de Juan, experiméntelo ustedes mismos. Y hablen de lo que sintieron en su corazón, no por lo que les cuentan.



Si yo oigo algo diferente de lo que veo, tengo duda, hay algo que no cierra. Es como ese dicho que reza “haz lo que digo y no lo que hago”. Habría que cambiar: “mira lo que hago y veras lo que pienso y digo”.



Algunos comentaristas dicen que Juan manda a hacer esa pregunta en realidad para que los discípulos de Juan se convenzan de que Jesús era el Mesías y no Juan. Ellos estaban tan segados con Juan que celaban de Jesús. Por otro lado, dicen, era para darles esperanzas a sus discípulos. Que vayan a la fuente.





¿Qué testimonio estamos dando los cristianos de nuestra fe?



Vayan y cuenten lo que ven: es en los hechos, en la transformación que se ve si se están manifestando las señales del Reino de Dios. Cuando:

Los ciegos ven…

Los cojos andan…

Los leprosos quedan limpios…

Los sordos oyen…

Los muertos vuelven a la vida…

A los pobres se les anuncia el reino de Dios.



¿Será Jesús el que estamos esperando en nuestra vida?

¿Será Jesús el que puede cambiar nuestra ceguera en visión?

Hay un tango que Dice: “El mundo fue y será una porquería, ya lo se…” Y sinceramente creo que muchas veces nosotros creemos eso y quedamos ciegos ante las posibilidades de la vida. Hacemos como que no queremos ver. Es mas fácil engancharse en esa idea de resignación, de falta de esperanza, de sin sentido y escudarse detrás de ilusiones vanas, de egoísmos.

Yo tenia un adorno, lamentablemente se me rompió, que mostraba a tres monos: el primero se tapaba los oídos con sus manos: no quería escuchar. Escuchar los gritos de dolor y de angustia de sus semejantes. El segundo se tapaba los ojos, no quería ver. O quería ver la realidad de lo que pasaba a su alrededor. El tercero, se tapaba con sus manos la boca, no quería hablar, no quería transmitir esperanza ni denunciar las injusticias de lo que pasa a su alrededor.

Y los tres tenían las manos ocupadas en lo que no querían hacer. Y por eso tampoco podían usar sus manos para actuar, para trabajar…



Juan estuvo en la cárcel porque oía, veía, hablaba y actuaba a favor del Reino de Dios. Pagó el precio, tomó su cruz y por eso quería estar seguro de que su accionar iba a tener frutos.



La iglesia cristiana de hoy tiene dificultades para escucharla voz de Jesús para saber que esta viniendo a nuestro encuentro y escuchándola saber obedecerla. Tiene dificultades para escuchar la voz de los que sufren injusticias, los que sufren la soledad, el abandono, el maltrato. Y está como los discípulos de Juan preguntando: ¿Será que es Jesús al que tenemos que seguir, o nos enganchamos con otras creencias e ideologías, que nos invitan al facilismo, al no compromiso, al preocuparme solo de mi mismo y no escuchar al prójimo para no tener que asumir una responsabilidad por concretar esa esperanza de lo nuevo?



La iglesia cristiana de hoy tiene dificultades para ver señales de ese Mesías que esta viniendo a nuestro encuentro y ver las manifestaciones de su reino entre nosotros. Dificultades para ver el sufrimiento y el dolor de los que sufren. Y está como los discípulos de Juan preguntando: ¿Será que es Jesús al que tenemos que seguir, o nos enganchamos con otras creencias e ideologías, que nos invitan al facilismo, al no compromiso, al preocuparme solo de mi mismo y no asumir una responsabilidad, un jugarse por concretar esa esperanza de lo nuevo?



La iglesia cristiana de hoy tiene dificultades para hablar, para anunciar que ese Mesías esta viniendo a nuestro encuentro y llevar esperanza a su prójimo. Dificultades para denunciar el sufrimiento y el dolor de los que sufren. Y está como los discípulos de Juan preguntando: ¿Será que es Jesús al que tenemos que seguir, o nos enganchamos con otras creencias e ideologías, que nos invitan al facilismo, al no compromiso, al preocuparme solo de mi mismo y no asumir una responsabilidad, un jugarse por concretar esa esperanza de lo nuevo?



La iglesia cristiana de hoy ha perdido ese rol de ser agente de transformación. Sigue preocupada con su día a día, por lo que pasa dentro de sus cuatro paredes, lo que pasa a nivel institucional.



Y alguno podría decir ¡No parece mucho! ¿No debería la iglesia transformar la sociedad? ¿No debería comprometerse un poco más con los problemas que tiene la sociedad hoy en día? ¿No debería ser más enérgica en algunas cuestiones fundamentales que contradicen los principios cristianos? ¿No debería escuchar, ver, hablar y actuar con más firmeza para que realmente se vaya manifestando el Reino de Dios en nuestra sociedad? Esa es la navidad que espera Jesús, una navidad que empieza en nuestros corazones y que realmente se empiece a ver que en Jesús, o a través de Jesús se empiecen a dar unos cambios concretos en nuestra sociedad. Muchas veces pasa, que celebramos la navidad de una forma romántica con lindas canciones y adornos y regalos… y el 26 de diciembre todo sigue igual que antes: resignación… egoísmo… falta de esperanza y poco… muy poco amor entre los cristianos.



Juan está en la cárcel por que no se dobló ni se vendió al mejor postor. No se calló ante la injusticia que estaba escuchando y viendo a su alrededor. Y actuó, no se quedó paralizado, como con miedo. Por eso puede tener esperanza de que un cambio ocurra a partir de Jesús.



Cuando los ciegos espirituales, o sea los que no quieren ver, comiencen a ver. Cuando los sordos espirituales, o sea los que no quieren escuchar lo que está pasando a su alrededor, cuando los cojos espirituales, o sea los que se hacen los rengos y no quieren ponerse en movimiento, cuando los enfermos espirituales, o sea los que están perseguidos por el pecado, comiencen a sentirse liberados y no señalados, ahí va a poder verse y experimentarse señales del Reino de Dios. Ahí vamos a poder decir, “no necesitamos esperar a otro, porque el Reino de Dios ya está en medio nuestro”.



Jesús bendice a quienes no pierden la confianza en él. Pongamos, en este adviento todas nuestras energías en oír su voz, ver señales de esperanza en nuestro entorno, hablar del Reino de Dios y sobre todo actuar para que la navidad tenga sentido en nuestras vidas.



Que Dios nos bendiga a todos, amén.

02/12/2010

Meditacion para la semana del 4 al 10 de diciembre - 2. adviento

Segundo domingo de Adviento: Mateo 3, 1-11

salmo 72, 1.2.7.8.12.13.17 / Isaías 11, 1-10 /Rom. 15, 4-9

Mi mamá era una buena ama de casa, y a pesar de que para mí la casa siempre lucía bien, recuerdo lo que sucedía cuando mi mamá se enteraba de que venía alguna visita, cosa que era muy frecuente debido a la actividad de mi padre.
Ella sacaba la escoba, el trapo y el balde, esponjas, limpiador de cristales, el limpiador de baño, pañitos, etc. Y nos llamaba a todos los hijos y nos asignaba tareas a cada uno de nosotros. Y como éramos seis hermanos las cosas se hacían rápido, pero había que controlarlas. Cuando terminábamos ella cotejaba que todo estuviera bien y que no hubiese nada si hacer.
Y luego venía la serie de preguntas inevitables que toda madre hace a sus hijos, sobre todo a los varones, porque las mujeres tienen un don mas innato de ser más prolijas.
¿Tenés tu cuarto limpio y ordenado? ¿Guardaste todos los juguetes? ¿Tenés ropa tirada en el piso o en el espaldar de una silla? ¿Hiciste tu cama esta mañana? Y nos daba 10 minutos, solo 10 minutos para hacer todo eso.
En la Biblia se nos dice que en los días antes de que Dios enviara al Mesías, su propio hijo, envió a un profeta llamado Juan a predicar y a decirle al pueblo que se preparara para su venida.
Obviamente, cuando Juan les dijo que se prepararan para recibir al Mesías, no les decía que debían ir a su casa a barrer el piso y hacer sus camas, para que esté todo lindo y ordenado para agradar la vista del visitante. . Lo que quería decir era que tenían que preparar sus corazones, lo interno, y hacer un poco de orden en su interior. Y de eso se trata esta época de adviento.
Israel estaba pasando por una época histórica difícil: en el año 63 antes de Cristo, el imperio romano había invadido a Palestina, imponiendo al pueblo una dura esclavitud. Las revueltas populares se sucedían, una tras otra, sobre todo en Galilea, pero fueron duramente reprimidas por las legiones romanas. La actividad de Juan Bautista se desarrolla, según nos cuenta el evangelio de Lucas, en el año 15 del gobierno de Tiberio, emperador de Roma. Tiberio fue emperador del 14 al 37 después de Cristo. Lucas nos cuenta que cuando nació Jesús, en Israel gobernaba Herodes, así nos cuenta Lucas en el relato de Navidad y Mateo en el capitulo 2. A la muerte de Herodes su reino quedó dividido entre sus tres hijos: Arquelao heredó Judea, Samaria e Idumea; a Herodes Antipas le correspondió Galilea y Perea y Felipe quedó al frente de la parte oriental y del norte de Galilea. El más cruel entre ellos fue Arquelao quien gobernó desde el año 4 antes de Cristo hasta el 6 después de Cristo.
La violencia se hizo sentir en toda la Judea. Este hecho empuja a José y María a regresar a Nazaret en Galilea y no hacia Belén en la Judea (Mt 2,22). En el año 6, Archelao fue depuesto y la Judea se convirtió en Provincia Romana con el Procurador nombrado directamente del emperador de Roma. Pilatos fue uno de estos procuradores. Gobernó desde el año 25 al 36. Este cambio de régimen político trajo una cierta calma, pero revueltas esporádicas, como la de Barrabás (Mc 15,7) y la subsiguiente represión romana (Lc 13,1), recordaban la extrema gravedad de la situación.
La calma era apenas una tregua, era como se dijo acá, en Argentina, una vez, una “tensa calma”. Roma era cruel.
Es en este contexto en el que, hacia el año 28 después de Cristo, Juan Bautista aparece como profeta en el desierto. Se había creado una gran expectativa en torno a su persona, que anunciaba un gran cambio. Un cambio que anunciaba algo nuevo: un nuevo Reino. Ya no un reino violento como el que los habitantes de Israel y muchos otros pueblos en el mundo estaban y están acostumbrados, sino algo totalmente nuevo: para que cambie el mundo, tiene que haber primero un cambio interior, que pasa por una conversión, una revisación interna de la vida de cada uno, para reencontrarse con el fundamento de la vida, y reencontrarse con el fundador de la vida, nuestro Dios.
La realidad hoy en día en el mundo no ha cambiado mucho: sigue habiendo gobiernos violentos, corrupto, revueltas, disconformidad y represión. Por ahí hoy vemos manifestada de otras maneras la bronca y disconformidad de la sociedad: drogas… alcohol… motociclistas que arriesgan sus vidas haciendo malabares en la calle…tantas violencias en las calles. Todas cosas que nos dan una sensación de que ya nada tiene sentido a nuestro alrededor y que nuevamente haría falta que alguien venga a este mundo para que se haga orden en nuestra casa.
Lo bueno es que hoy todavía sigue habiendo una gran expectativa de conversión y reconciliación con Dios. Quizá no es tan clara y la humanidad está un poco más desorientada en esta búsqueda. Pero esa búsqueda existe y se manifiesta de muchas maneras:
La búsqueda de un nuevo significado que dar a la vida,
Búsqueda de espiritualidad, con tantos movimientos de búsqueda de una paz interior.
El movimiento internacional del Foro Social Mundial “Otro mundo es posible”, etc.
El adviento es un tiempo apropiado para renovar este deseo de cambio en nosotros, de conversión de acercamiento a Dios. Un cambio que pasa en primer lugar por re-encontrar el norte, el rumbo de la humanidad. El para que de nuestra existencia.
Juan nos dice: “vuélvanse a Dios porque el Reino de Dios está cerca”. El verdadero Reino, no el de violencia generada por la desigualdad, sino el verdadero Reino de Dios, el que él quería hacer en el Edén inicial.
En griego, la expresión que se usa es “metanoia” que significa cambio, no sólo de la conducta moral, sino también y sobre todo de la mentalidad. ¡Cambio en el modo de pensar! La gente debía tomar conciencia del hecho de que su modo de pensar era un error y se debía cambiar.
Y un aspecto que menciona Juan es el que tiene que ver con la religión. Religión y fe son dos cosas diferentes. La religión es el conjunto de ritos y costumbres que usamos para fortalecernos en la fe. Pero es la fe lo que hay que replantearse. La religión es solo el marco para contener la pintura, pero no es la pintura en si.
Dice claramente: no alcanza con decir somos “cristianos”, y cumplimos con los ritos y tradiciones que hemos aprendido desde niños en la iglesia, sino que hay que demostrar que somos cristianos en los hechos cotidianos, en los frutos. Y acá es donde entra en juego Isaías.
El profeta hace una descripción de lo que es la tarea del Mesías:
-implantar la justicia de Dios en su reino
-establecer una nueva relación con la creación (11,4-9).
-favorecer a los pobres y desamparados (11,4),
-atraer a todos los pueblos a su reino de paz,
-nadie será enemigo de nadie, incluso los animales considerados como enemigos tradicionales de los humanos serán dóciles con ellos, y lo serán con sus más débiles representantes: los niños (11,6.8).
Y cuando nos habla de mostrar nuestra fe con frutos, nos dice claramente que se demuestra que somos cristianos cuando seguimos con la obra que Jesús inició:
Somos cristianos cuando implementamos la justicia
Somos cristianos cuando nos amigamos con la creación de Dios y no destruimos la naturaleza
Somos cristianos cuando ayudamos a los pobres y desamparados
Somos cristianos cuando luchamos por la paz en su sentido amplio
Somos cristianos cuando nos reconciliamos con nuestros enemigos
Podríamos dedicarnos días enteros a desarrollar cada uno de estos aspectos que mencioné y muchos más…
De eso se trata el adviento… de un camino… preparen el camino del Señor. Preparemos nuestro corazón para que cuando nazca Jesús no quede toda la fiesta en un ritual religioso… y pasados unos días seguimos en nuestra vida igual que antes, sino transformemos con fe el “sabor amargo” de nuestra sociedad en señales de esperanza concretas.
De esa forma estaremos haciendo adviento de fe, y seguramente aportaremos a que el reino de Dios se vaya haciendo realidad entre nosotros.
Comencemos con pequeñas señales pero de grandes efectos: perdón y reconciliación. El desafío para estas semanas de adviento es que busquemos a quien tenemos que pedirle perdón por algo y nos reconciliemos con él o con ella, como nos enseñó Jesús hasta setenta veces siete. Y de esa manera también nos podremos acercar a Dios con una actitud de pedirle perdón a Él y reconciliarnos con Él.
Adviento es tiempo de esperanza y conversión, una esperanza activa. No se esperar la salvación de Dios y su venida con los brazos cruzados, ni tampoco de espaldas a la verdad. Para «preparar el camino del Señor» el imperativo es tajante: «conviértanse, porque está llegando el reino de los cielos».
Eso quiere decir que llegó la hora de Dios. Que ese Dios que esta viniendo sea el centro de nuestra vida cada día de este nuevo año litúrgico que comienza, amén.