Nuestra Historia

La comunidad protestante está presente en la zona desde 1928 cuando el 8 de julio de ese año se celebró el primer culto y el 22 de julio de ese mismo año se funda la Comunidad Evangélica de Santo Domingo. Desde ese entónces se trabaja para la construcción de un templo, poniéndose la piedra fundamental el 18 de abril de 1929. Se inaguró el mismo el 29 de setiembre de ese mismo año.
Desde los comienzos, la comunidad evangélica ha estado presente en la vida del pùeblo con sus aportes y su testimonio de fe.


15/04/2011

Domingo de Ramos

Domingo de Ramos 2011 – Mateo 21, 1-11 - Salmo 118

Era el día domingo. La ciudad de Jerusalén, estaba abarrotada con más de cien mil peregrinos venidos desde todas las ciudades de Judea, desde Galilea y las colonias judías dispersas a lo largo y ancho del imperio ro­mano. Como todos los años  la gente acudía en masa a celebrar la Pascua dentro de las murallas de la ciudad de David.
Aquella mañana, desde la aldea vecina de Betania, venía llegando un grupo de personas que pasaron entusiastas delante de mí. Pude escuchar un poco de su conversación.
Simón              -¡Mirá! ¡La ciudad está reventando de peregrinos! La gente pregunta por ti, Jesús. Todos te están esperando.
Jesús                Hoy comienza la semana de preparación de la Pascua. ¡Hoy comenzaremos a despertar a Jerusalén de su letargo y a anunciarle que Dios viene a cumplir el Año de Gracia! Pero ellos confían más en sus puñales que en la Pala­bra de Dios. Nuestra misión debe ser la misma que Dios le ordenó a Moisés: ir delante del faraón y decirle que ya no soportamos el yugo de ningún tirano. Ni esos que se hacen llamar los representantes de Dios ni ese romano que se llama Poncio Pilato, y les diremos en la cara sus crímenes, uno por uno, tal como Dios los tiene anotados en su libro. Porque Dios ha visto el sufrimiento de su pueblo como aquella vez en Egipto.
Natanael          - No, yo no estoy de acuerdo. Lo siento, pero no es­toy de acuerdo. No será como Moisés, que fue una y otra vez a presentarse al Faraón. Para nosotros no habrá segunda ni tercera vez. Nos aplastarán como cucarachas en cuanto salgamos.
Jesús                - Si vamos solos sí, Natanael. Pero iremos con todos los vecinos de Betania, con los de Betfagé...
Judas               - y toda la gente se unirá a nosotros
Pedro              -Jesús, ¿por dónde vamos a comenzar?
Jesús                - Por el hueso más duro de roer. Por el Templo. La familia del sacerdote Anás lo ha ensuciado con sus negocios y sus trampas. Vamos allá. ¡Por ahí comenzaremos a limpiar el país y el corazón de la gente!
Vamos todos. Lázaro, Susana, María... vengan ustedes también, mujeres y hombres, todos hacen falta. ¡Hasta los niños gritarán con nosotros y romperán las piedras con sus gritos!

Estaban enardecidos. Éran una docena de hombres, seis mujeres y Jesús. En dos zancadas llegaron a la pequeña plaza de Betfagé, un pueblito hasta entonces olvidado. El líder de ellos, Jesús, comenzó a llamar a los vecinos.

Jesús                - ¡Amigos de Betfagé! ¡Vengan todos, vengan todas, y escuchen nuestras palabras! ¡Les anunciamos una buena noticia para todo el pueblo! ¡Ha llegado el Reino de Dios y la justicia de su Mesías! ¡Dios viene a reunir a los que estábamos dispersos! ¡Él nos abre un camino y sube delante de nosotros! ¡Dios va en cabeza y nos regalará la victoria!
- ¡Amigos de Betfagé, Dios está con nosotros! ¡Los que tengan fe, sígannos! ¡Los pobres, los que lloran, los que pasan hambre, los humildes de la tierra, vengan con nosotros!

Las mujeres se asomaban a las ven­tanas y los saludaban con los pañuelos y las escobas en alto. Varios muchachos cortaron ramas de laurel y hojas de palmera y las agitaban en el aire como si fueran espadas o bsnderas. El griterío era ensordecedor.

Felipe              - ¡Eh, Jesús, aquí nadie oye nada! ¡Habla más fuerte!
Jesús                - ¿Y qué hago, Felipe? ¡Tendría que subirme en una datilera para poder hablarle a tanta gente!
Felipe              - ¡En una datilera no, pero en un caballo sí! Eh, paisano, ¿nadie tiene un caballo por acá?
Susana             - ¡Los caballos los tienen los soldados y los centuriones!
Felipe              - ¡Pues un burro entonces, caramba! ¡El Mesías de los pobres irá montado en un burro!
Pedro               - ¡Tú, muchacho, corre y desata el primer burro que encuentres y tráelo acá! ¡Ve, anda, que Jesús lo necesita!

Y es ahí donde ese muchacho vino directo a mi… me desató y me llevó hacia Jesús y él me montó para hablarle mejor a la gente. Ahora podría participar de cerca de los acontecimientos. Parecía que iba a suceder algo grande. Y de hecho sucedió. Una vez que Jesús me montó dijo:

Jesús                - ¡Amigos, ha llegado el día grande del Señor! ¡Queremos justicia hoy, no mañana! ¡Queremos libertad hoy, no mañana!
Todos              - ¡Hosanna, hosanna, justicia hoy, no mañana!¡Hosanna, hosanna, justicia hoy, no mañana!

Cuando estábamos por llegar a Jerusalén, todo el pueblo estaba en la calle. Al­gunos, en un entusiasmo desbordado, tiraban los mantos sobre las piedras del camino por donde íbamos a pasar. Otros levan­taban ramas de olivo vitoreando al Mesías.
Íbamos subiendo la ladera del Monte de los Olivos. Era cerca del mediodía y el sol caía de lleno sobre nuestras cabezas, abrasándonos. Fue entonces, en un recodo, cuando apareció extendida a nuestros pies, como una enorme colmena, apretada de casas, rebo­sando gente, la ciudad de Jerusalén, encerrada en sus cuatro mu­rallas que brillaban como el oro. Y, en medio de ella, sobre la Colina baja del Moria, el Templo con sus escalinatas repletas de vendedores y comerciantes.
Como una roca que se desprende y lo arrastra todo, así nos lanzamos por la cuesta de los Olivos, levantando una polvareda in­mensa y batiendo las ramas. Atravesamos el torrente Cedrón y enfilamos hacia la Puerta Dorada, la que da a la explanada del Templo. Pudimos entrar antes que cerraran la puerta principal.
El griterío de la multitud enardecida se desbordó bajo el doble arco de la Puerta Dorada y, arrastrados por la avalancha, entramos en la gran explanada del Templo de Jerusalén.

Ustedes conocen el resto de la historia. Jesús y los suyos entraron al templo y se armó un lío bárbaro.  Hizo un látigo y empezó a echar del templo a los que vendían cosas y hacían negocios en la iglesia. Claro, esto no les gusto a los jefes de la iglesia y organizaron todo para matar a Jesús… ayudados por ese seguidor suyo llamado Judas.

Finalmente a Jesús lo agarraron y lo crucificaron… hasta los mismos que estaban con él lo dejaron solo. Todos huyeron. Algunos decían que era un bandido revolucionario, otros que era el enviado de Dios.  Otros decían unos días después que volvió a vivir…
No se… yo no se nada de ello. Lo único que se es que para mi fue un honor haber llevado en mi lomo a un hombre importante. Nunca nadie me tuvo en cuenta para nada. La gente importante, como los reyes y los guerreros, usan caballos lindos y majestuosos.
Yo ese día me sentí el más afortunado de todos. Y eso gracias a Jesús.   
Después de mucho tiempo me enteré que a este acontecimiento le llamaron “domingo de Ramos”, y que hacen de ese domingo una procesión ordenada con pal­mas que se agitan pacíficamente al ritmo de cánticos religiosos. Los hechos ocurridos ese día no fueron tan pacíficos, fueron una auténtica manifestación popular en la que una multitud enardecida expresó sus más profundos sentimientos patrióticos y religiosos. El pueblo quería y necesitaba un cambio. Y eso se logra únicamente con la acción, con una fe decidida.
Eso es lo que aprendieron todos de Jesús, según me enteré más tarde… Me enteré que los seguidores de Jesús salían a decir que si la gente quería que la muerte y resurrección de Jesús tenga sentido y vigencia para siempre,  hay que animarse a decir lo que esta mal, denunciar lo que Dios no quiere que se haga, como las injusticias, la corrupción, la muerte y que se pueden lograr los cambios, sin necesidad de usar armas ni violencia. Solo hace falta revisar los valores humanos y la convicción de la fe y recuperar la esperanza de que se puede lograr una sociedad mejor…

Es una lástima, hoy todo sigue igual que aquel día. Ya no son ni los romanos ni los fariseos, pero solo cambian los nombres y los actores. ¿Y los seguidores de Jesús? Siguen igual, dejándolo solo a Jesús con la esperanza.
Muchos que se consideran “muy cristianos” porque acuden al culto los domingos y rezan algún Padrenuestro antes de dormir. Sin embargo, cambian la cara ante la miseria que los rodea… ante el hermano que sufre y necesita una mano amiga que le ayude o un hombro donde llorar… ante el pobre mendigo que busca un bocado que llevar a su boca… ante el niño maltratado o el bebé no nacido que no tiene quien le defienda… ante el anciano o el enfermo que vive solo porque todos se han olvidado de ellos… El mismo Jesús decía que cuando dejamos de ayudar a nuestro prójimo, es a Él a quien no ayudamos.
Ah… antes que me olvide, recuerden que si alguien necesita de un burro para subirse y hablarle a la gente, yo ya estoy viejo, pero todavía puedo ser útil.

Que Dios, el padre de Jesucristo resucitado, los bendiga a todos.

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